LÁZARO FARIÑAS. La doble Moral

No hay cosa que disguste más que la doble moral, esa, la de “haz lo que yo digo, no lo que yo hago”. La doble moral existe en cualquier lugar y la practica cualquier persona, como esas que se rasgan las vestiduras, afirmando que el resto de las personas deben hacer lo mismo, mientras ellas hacen lo que mejor les parezca. Lo mismo la practica un sacerdote pederasta católico que habla de las bondades del Dios divino mientras al fondo de la rectoría se aprovecha de un menor de edad, que lo hace un predicador evangélico que sermonea a sus feligreses por la tarde sobre la necesidad de serles fiel a sus esposas, a la vez que por la noche tiene encuentros escurridizos en callejones obscuros con prostitutas de la peor calaña, o como lo hace un maestro de cívica en el aula de su escuela cuando le habla a sus estudiantes sobre la necesidad de cumplir con las reglas de la moral y el civismo, mientras que en el recreo trata de seducir a una adolescente. La doble moral está en todas partes, hasta en los policías que persiguen con saña los amigos de lo ajeno y sin embargo, le exigen al comerciante el soborno por debajo de la mesa. La doble moral no tiene límites, no tiene fronteras, está en los jueces corruptos, en los políticos demagogos, en los comerciantes ladrones que le roban a sus clientes en las pesas, en fin, como dicen los españoles, en cualquier lugar se cuecen habas.

Pero de todos los casos de la práctica de la doble moral, uno de los peores es el de países que se dan golpes de pecho afirmando que son ellos los verdaderos defensores de la democracia y de los derechos humanos, declarando que solo ellos están en el camino correcto y que son faro de libertad y democracia. Afirman esa tontería, que de hecho no es más que una hipócrita mentira que lleva en sí misma un desprecio generalizado para el resto de los países que los rodean. Las grandes naciones del llamado mundo occidental siempre han creído ser el ombligo del mundo. Desde la época del imperio romano hasta la fecha, esa creencia ha sido la que ha dominado el pensamiento, tanto político, como social y cultural de las naciones llamadas del primer mundo.

Si hay una región en el planeta que ha padecido los constantes ataques de la práctica de la doble moral, ha sido y es América Latina, en especial, los gobiernos progresistas que han podido llegar al poder. La Revolución cubana es uno de los mejores ejemplos, pues desde el mismo día en que llegó al poder, la campaña en su contra no se hizo esperar. El gobierno de los Estados Unidos marcó en aquellos primeros años el rumbo a seguir y la mayoría de los países del primer mundo inmediatamente lo siguieron, con el pretexto de que en Cuba se estaban realizando cambios sociales y económicos. Hay que recordar que la política agresiva contra el gobierno revolucionario comenzó mucho antes de que Cuba se alineara con el campo socialista. Esa fuerte, criminal y absurda  política contra Cuba y su pueblo la sigue aún manteniendo el país más poderoso del mundo, casi sesenta años después del triunfo revolucionario.

Pero por supuesto, Cuba no fue la primera ni la última que ha recibido tan miserable trato; Guatemala en los años cincuenta, Chile en años más tarde, Paraguay, Honduras, Brasil, Argentina, Bolivia, Nicaragua y desde hace casi veinte años, por supuesto, Venezuela. Con este país la han cogido en grande, lo atacan día y noche, día tras día, año tras año.

A Venezuela la atacan desde la Unión Europea, desde América Latina y por supuesto, desde donde más la critican y la demonizan es desde Washington, donde también se le aplican sanciones e incluso, desde donde se habla hasta de planes de intervenciones militares. En agosto hicieron un atentado en Caracas contra la cúpula civil y militar del gobierno venezolano, incluyendo al Presidente, aún estoy esperando  que algunos de los que tanto hablan de antiterrorismo se pronuncien en contra del mismo.

El país que más elecciones ha realizado en las últimas dos décadas es acusado constantemente de ser dictatorial, el país que ha invertido millones y millones de dólares para ayudar a los más necesitados de la sociedad es acusado de llevar a la indigencia a su pueblo. Que Maduro es un dictador, lo mismo lo proclama un gobierno como el de Brasil que nació de un abusivo golpe de estado parlamentario, que en Lima donde el presidente tuvo que renunciar por corrupto o en Washington donde el presidente actual llegó al poder con dos millones de votos menos que su rival. Si salen revoltosos a protestar quemando gente o edificios a las calles de Caracas o Managua y el gobierno los reprime, entonces hay que condenar a los gobernantes y acusarlos de dictatoriales, pero si lo mismo ocurre en las calles de Paris, Seattle, Berlín o Madrid, dicen que la policía tuvo que usar la necesaria fuerza para imponer el orden. Y ahí está la doble moral en acción, haz lo que yo digo, no lo que yo hago.

 

*Lázaro Fariñas, periodista cubano residente en los EE.UU.

MartianosHermesCubainformación

 

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Un comentario

  1. Para cualquiera que desee profundizar en este tema, recomiendo, modestamente, un libro que no debería faltar en ninguna biblioteca regida por el criterio de la verdad, la justicia y la reparación de las víctimas. Su título, ” Las venas abiertas de América Latina ” y su autor , ya fallecido desgraciadamente, Eduardo Galeano. Que aproveche.-

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