EDITORIAL. La izquierda ante el tablero, el juego y las reglas ajenas

La izquierda ante el tablero, el juego y las reglas ajenas 

Unas declaraciones de Dante Fachín, el que fuera líder de Podem Catalunya, en las que sostuvo que si se hubiese puesto en marcha otra hoja de ruta que, como la independentista pero con una perspectiva de clase, cuestionase el marco y el status quo, hubiese acabado igual o peor (digamos desde el punto de vista represivo), parece querer llamarnos a reflexionar sobre la forma de lucha (de clases) en esta añejada Europa.

Es una obviedad que la clase dominante dictamina el tablero, elige el juego, realiza las reglas y los demás deben aceptar, sino no son demócratas en su terminología-jerga. No hay más discusión, punto. Durante cuatro décadas nos han dicho que el tablero, el juego y las reglas se pueden cambiar, solo es necesario conseguir una mayoría parlamentaria, casi nada. Incluso si el señor D´hont lo permitiese, cosa harto imposible, no podría ser con una mayoría simple, sino de dos tercios para cambiar buena parte de las cosas. Sindicatos y fuerzas progresistas (no digamos marxistas que luego se ofenden) aceptaron esa realidad (ajena) sin más, sin rechistar, a cambio de migajas de los Presupuestos Generales del Estado para ir sobreviviendo. Llegado ese mágico día, nos dicen, la banca, el ejército, la monarquía, las multinacionales y hasta el obispado se pondrían al servicio de lo que esa nueva correlación de fuerzas dictaminase, ni más ni menos que una revolución consentida porque se parió desde dentro del sistema. Sonrían y recuerden las imágenes de gente intentando votar en el referéndum catalán, y eso que no era por la revolución proletaria sino por la independencia (policlasista). En fin, la Historia en muchos países, en distintos momentos, se ha encargado de hacernos ver lo contrario, pero nos dicen que sigamos, que no desfallezcamos en el empeño.

No es que nos inunda el pesimismo nostálgico en este mes navideño, pero es muy posible que si damos por bueno -como si fuera propio- el tablero, el juego y las reglas de la burguesía (fíjense que es tal el control de las normas y el lenguaje, que han convencido a muchos de que es esta una palabra antigua, alejada de la realidad, qué es eso de usar terminología del siglo XIX en realidades posmodernas donde las clases están ya, afortunadamente, difuminadas….!!) no podamos asistir, en el mejor de los casos, más que a meras reformas que no cuestionan la raíz del asunto, esto es, qué clase social ostenta el poder.

La utilización del marco vigente para ir avanzando, acumulando fuerzas que dirían los clásicos, es el soniquete que nos ha traído hasta aquí. Pero puede que en esa revisión histórica que es tan justa y necesaria que dirían desde los púlpitos, y que tuvo una fuerte sacudida cuando partimos de la estación, nos hubiesen metido en un tren equivocado que no nos lleva más que como extras a asistir a una fiesta ajena, la del Ibex y sus palmeros. Bajarnos en esta estación del 2018, aquí y ahora, y buscar otra alternativa parece obligado para entender que el axioma “socialismo o barbarie” no es una mera consigna.

Se ha trabajado mucho en estos años en el diagnóstico del momento que atraviesa el capitalismo y las fuerzas que, conscientemente o no, lo respaldan por acción u omisión. Encontrar el antídoto que se necesita es más complejo, habría que ir descartando tableros, juegos y reglas ajenas. En este sentido algo sí puede enseñar lo ocurrido en Catalunya, el enemigo de clase lo tiene claro; nosotros, no tanto.

 

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Un comentario

  1. pingüino asado

    Siempre vuelvo a Alicia:

    “La cuestión

    insistió Alicia

    es si se puede hacer que las palabras
    signifiquen tantas cosas diferentes.

    La cuestión

    zanjó Humpty Dumpty

    es saber quién es el que
    manda…, eso es todo.”

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