Entrevista a Gerardo Hernández (uno de “Los Cinco”): “Confío en el compromiso de los jóvenes con Cuba y la Revolución”

Hace tres años y medio las imágenes del regreso a Cuba de Gerardo Hernández Nordelo estremecieron al mundo. Luego de más de 16 años en cárceles norteamericanas, una condena injusta y una batalla mundial por su liberación y la de sus cuatro compañeros, aquel camino de vuelta demostró que nunca nadie está solo si tiene tras de sí la atención de un pueblo.

Desde aquel 17 de diciembre todo fue el reencuentro en libertad con su esposa, los hijos anhelados, la familia, los amigos, otra vez las calles que una vez abandonó en el silencio necesario para el éxito de su misión. Atrás quedaron los meses en absoluto aislamiento, la tensión de la cárcel, el ensañamiento y los intentos por recordarle que su condena de dos cadenas perpetuas más 15 años era demasiado por un solo hombre.

Ahora Gerardo Hernández comienza su período como Diputado en la recién constituida Asamblea Nacional del Poder Popular, es Vicerrector del Instituto Superior de Relaciones Internacionales y sobre el pecho puede lucir al fin la medalla de Héroe de la República de Cuba. Sin embargo, para el jefe de la Red Avispa, para el hombre obligado a transformarse en el puertorriqueño Manuel Viramóntez y limitar su cubanía solo a los momentos de completa soledad, para el caricaturista, el esposo y el agente de la seguridad del Estado, su historia de valor y sacrificios comienza menos en la vida pública y más en la quietud del hogar.

¿Cuánto influyó su padre en el Gerardo que hoy conocemos, en el Héroe de la República de Cuba?

La relación con mi padre fue algo sui géneris. Por ejemplo, no tengo recuerdos de paseos con él, ni de un juego de pelota. No fue un papá muy cariñoso que digamos. Sin embargo, le debo muchísimo a ese carácter fuerte.

Él era muy dedicado al trabajo. Ni los domingos descansaba. No recuerdo verlo un día frente al televisor, porque siempre buscaba algo en la casa para hacer. Una de las imágenes más vívidas que tengo es la de levantarme los domingos a las siete de la mañana porque debía ayudarlo en algo. Recuerdo a mi mamá llamando a la puerta del cuarto: “Gera, Gera, dice tu papá que salgas para que lo ayudes”. Aquel era mi tiempo de salir a fiestas y llegar de madrugada, pero aun así debía levantarme para estar con él.

Desde el punto de vista político mi padre y mi hermana fueron fundamentales en mi formación como revolucionario. Él era militante del partido y aunque no participó en la etapa de la clandestinidad, luego del triunfo de la revolución fue miliciano y estuvo en una buena cantidad de zafras. Mi padre vivió para el trabajo y ese ímpetu me ha marcado siempre.

Más de 20 años fuera de Cuba. Cuando regresa, ¿qué impresión le causó el país?

Hay cosas buenas y malas. Dentro de las malas está la indisciplina social. Jamás hubiera imaginado antes de salir que alguien se bajara del carro en el medio de la calle y se pusiera a orinar o hacer otro tipo de cosas desagradables. Me impresionó mucho también ese mercantilismo en personas que antes tenían un gesto de manera desinteresada y hoy a todo le ponen un precio.

Entre las buenas encontré un país con mucha más conciencia de cuáles son nuestros problemas. Cuando dejé Cuba teníamos dificultades pero no se hablaba mucho de eso. Ahora vemos una sociedad que debate más, con mucha más conciencia y menos temor a reconocer nuestras deficiencias y aceptar el hecho de que no somos perfectos, porque nada en el mundo lo es.

Cada vez más los jóvenes están llamados a asumir un rol decisivo en el futuro de la nación

A veces sales a una esquina y ves a cuatro muchachos: uno con una camiseta con la bandera norteamericana, otro con el short roto en pleno horario de estudio o trabajo. A veces sentados sin hacer nada, con la música alta, diciendo malas palabras. Por ellos muchos dicen que la juventud está perdida, a veces con pesimismo y otras con mala voluntad.

Sin embargo, esos cuatro muchachos no son la juventud cubana. Esa está ahora en medio de las selvas de Ecuador dándole atención médica a indígenas que jamás vieron un doctor. Los jóvenes están en los centros de biotecnología rompiéndose los pulmones tratando de sacar una vacuna, en una obra de la construcción, o en los debates sobre cómo mantener viva y aprender de la historia.

La juventud cubana estuvo hace pocos días en Perú y allí vimos cuán digna resultó su actitud. Tengo la dicha y el privilegio de trabajar con jóvenes y soy testigo a diario de sus capacidades y de su compromiso con el país y la Revolución.

Con ese panorama, ¿cómo imagina a Cuba dentro de 10 o 20 años?

Imagino una Cuba más inclusiva, donde cada cual tenga siempre posibilidades de aportar al desarrollo de la sociedad. Sueño un país con una serie de problemas resueltos, especialmente aquellos que no tienen que ver con el bloqueo, sino con nuestros propios esquematismos y autolimitaciones. Me gustaría vivir una Cuba con menos burocracia. Eso no lo podemos permitir si verdaderamente queremos avanzar en nuestro proyecto de país.

Siempre aspiro a una mayor participación social, a un país en el que las personas entiendan que los problemas nos pertenecen a todos. Si nos sale bien, perfecto, pero si sale mal nos va a salir mal a todos y tendremos que pagar las consecuencias. El país es nuestra casa.

 

(Cubadebate)

 

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