El “comunista” Paco Frutos se quita la careta y exhibe su verdadera condición, la de reaccionario

El solo hecho de haber participado en una manifestación infectada por reaccionarios y franquistas —convocada por Societat Civil Catalana— le inhabilita por completo como individuo de izquierdas. Si a eso le sumamos que su participación no ha sido precisamente silenciosa y carente de protagonismo, entonces ni que decir tiene.

La derecha más rancia del Estado español le ha cedido un espacio. El ex secretario General del Partido Comunista de España —PCE— ha subido al estrado. Y lo ha hecho para decir una sarta de mentiras y de sandeces, las mismas que los convocantes querían que dijera. No le ha costado mucho complacerles. ¿Será que, disfrazado de comunista, es uno de ellos? Todo indica que sí.

Ahí, orgullosamente encaramado en el estrado y en su estúpida arrogancia, ha pronunciado unas palabras que nunca las diría una persona que, en verdad, fuese de izquierda.

De manera chulesca, ha arremetido contra los independentistas acusándoles de lo que no son: “Os vengo a hablar de la izquierda no nacionalista, suponiendo que haya izquierda nacionalista”, ha comenzado ha exhibir su cinismo.

“Permitidme usar el lenguaje del adversario. Soy un botifler. Un traidor contra el racismo que estáis creando”. Y ha añadido que «los botiflers reales sois vosotros porque enfrentáis a la gente sin motivo y os cargáis la libertad de quienes no piensan como vosotros».

Y ha continuado con su vomitera de palabras rancias: «Quiero darles una recomendación: parad. Hay que recuperar la sensatez».

Asegurando que él representa a “la izquierda plural, la izquierda no nacionalista”, se ha preguntado: «¿Dónde está la izquierda que no está aquí?».

Frutos no es un tonto, así que debía saber dónde estaba la izquierda; por supuesto, muy, muy lejos de allí.

Jugando con las palabras y haciéndose el gracioso, Frutos ha dicho que es un traidor. Y claro que lo es. Pero no por no ser independentista, que está en tu perfecto derecho de no serlo, sino por haber liderado un partido que vendió al franquismo a buena parte de la clase obrera de este engendro que llamamos España, y por haber participado de un vergonzoso silencio alejado de la autocrítica durante tantos años.

El PCE tardó casi 30 en desvincularse de la Constitución española. Paco Frutos —a los hechos nos remetimos— todavía sigue anclado en ella.

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