DAVID FERNÁNDEZ. Carta a Jordi Cuixart: El pañuelo de la Txell

” Hay cosas Encerradas Dentro de los muros

que si sales de pronto y grit

llenarían el mundo “

Federico García Lorca

Se cierra el año y, con pesar y esperanza a partes iguales, toca escribir que en 2017 no será aún el año de tu libertad. Su -SÁNCHEZ, Horno, Junqueras-. Nuestra. La de todas y todos. Tampoco será, muy desgraciadamente, el año del retorno de los que han tenido que irse. Mientras -siempre el mientras tanto, el único lugar desde donde se cambian las cosas- toca escribir y afirmar, de pie, que continuamos haciendo todo lo posible -y lo que toque del imposible- porque salga en los primeros compases de 2018 que arrancará mañana. Al contador gris del tiempo robado, 75 días de secuestro y exilio. En la aporía de la espera y la evidencia de una injusticia a la que nunca nos acostumbraremos. Porque sería tanto como normalizarla vergonzosamente.

Mil gracias, una vez más y antes de que me olvide, por otra carta desde la celda. Nunca sé por dónde empezar a responderte. Todo se acumula contra la reja, la alambrada y la mirilla. En medio, cartas, palabras y sellos. Antagonismo habitual tras el Día de los Inocentes: ellos tienen los sobres de la corrupción, nosotros sólo los de la solidaridad. Epístolas de ida y vuelta, agujereando el muro y la roca. Una carta, una más, de tantas que se entrecruzan, este invierno, desde todo el país hacia Estremera y Soto del Real. Nombres nuevos para muchos, incorporados a la geografía política catalana: la política hecha cárcel y prisión como mala arma política. Doctrina del choque y metáfora inquisitorial: así nos querrían, punto en boca. Pero ni así se salen: también en esto, la sociedad ha respondido de forma desbordante, en amarillo viral, y con las movilizaciones antirepresivas mayores desde el final de la dictadura. Raimon revisitado: “Hemos visto encerrados en la cárcel hombres llenos de razón”. Ovidio clamando Papasseit: “Hay un hombre en prisión de los que avanzaban”.

Y sí, en estos días todo vuelve: recuerdos, memorias, esperanzas. Cada una de las luchas compartidas que han hecho el país que vamos siendo. Se ha hecho tanto en tan poco tiempo, y se ha hecho tanto durante años desde márgenes y tangentes, que queda todavía lo que todavía queda por hacer. Retrovisor, mirada larga y un continuado esfuerzo equilibrista que susurra que todo pasa por no desfallecer nunca. Y sí, lo dices bien: nunca nos hemos pedido nada y, en cambio, nos lo hemos dado todo. Entonces no nos conocíamos y era como si nos conociéramos de siempre: porque nos reconocemos en cada palmo del país que queremos. Libre de pobreza, desigualdades y exclusión social. Por ello, uno más, me hice de Òmnium, al calor del Luchas compartidas. Uno entre tantos, cuando estamos a punto de llegar a los 100.000 socios. Así respondemos: siendo más cada día. Nos quieren aislados y nos encontrarán más juntos que nunca.

Todo ello, país-espejo y estado-prisión, cuando estamos ante el mayor procedimiento de derecho penal político, la excepción hecha ley, contra la razón democrática de la libertad política catalana. Es así: queremos urnas donde decidir entre todos y nos meten en prisiones donde sólo deciden ellos. Hace años que el filósofo Giorgio Agamben alerta que la excepción se ha convertido en gobierno. Y Kafka escribía que el proceso es el castigo en sí mismo. En 2009 el August Gil Matamala ya avisaba de la distopía: “Acabarán por inventarse la figura del terrorista pacífico”. Otro preso, afroamericano y el corredor de la muerte, remachaba el clavo: “Hay quien dice que resistirse al sistema es una locura pero, vistas las cosas, lo que es una locura es no hacerlo”.

En medio de la impunidad, recuerdo -agraït- el día que llegaste al juicio por las amenazas de muerte ultraderechistas. En primera y segunda instancia, los jueces -a pesar constatar las amenazas y la adscripción ultraderechista y violenta de quien las proferia- dijeron que se introducen en la crítica política y las amparaba la libertad de expresión. A la vista, recuerdas ?, quiso justificarse: «es que es independentista». Carta blanca de Estado y doble rasero, ya lo sabes. Y mientras tanto, nosotros, cada vez más conscientes y arraigados los aprendizajes de la escuela de la desobediencia civil pacífica y no-violenta, la más humana y humanista forma de lucha y resistencia.

Siempre me ha sorprendido -desde hace muchos años- que los que sois muros adentro nos traslade, afuera, toda la firmeza, la serenidad y el coraje para seguir. Sabes? Fechas revisitadas al calendario, la primera vez que entré en una prisión fue, justamente, el 31 de diciembre de 1994. Visitaba Joan Rocamora, tomado independentista de 1992, en la prisión de Brians. Por la noche, hacían las campanadas de TV3 en la Villa de Gracia: un grupo de jóvenes nos plantamos con una enorme pancarta que decía “Libertad presos”. Han pasado ya 23 años, volvemos a exigir la liberación de los presos y podría recordar a ciegas silencios, ruidos y registros de aquella primera visita. Las rutinas del castigo y el control, los cristales gruesos y la fuerza imparable de la solidaridad. Después, la literatura carcelaria universal -Wilde, Gramsci, Luxemburgo, Roque Dalton, Sands, Mandela, Miguel Hernández- nos ayudó a entender. “Necesitamos tu libertad para saber que la libertad aún es posible”, poemitzava Sarrionandia desde el exilio. Así es. Así estamos.

Hay una contrahistoria de la historia. Y es en las cárceles. En el fondo, dentro del panóptico estamos todos y todo el país es en tercer grado, bajo control monitorizado y en aparente libertad condicional. De siempre, en dictacràcia y en democradura, otra forma de valorar un régimen es atender quien aprisiona: que seas tú uno de los rehenes, lo dice hoy todo. Un hombre bueno que me recuerda lo bueno de Xavier Vinader -¿qué pensaría, hoy, de todo ello ?; y como nos incitaría a oponernos en ella-: cuando lo encarcelaron en 1984 en Carabanchel para intentar hacerle callar, dedicó tres meses enteros de reclusión a terminar un detallado informe sobre el estado paupérrimo y deplorable de las cárceles.

Voy terminando. Ana, el August y Maribel te envían todos los besos, al abrigo de la memoria del futuro que vendrá. La madre también: más que indignada, sublevada. He llamado a los abuelos de Zamora: ya saben, gatos, que volvamos a tener presos políticos. Pero sabes? Tu pañuelo de Txell es como la rosa de papel de Estellés. Todos tenemos uno. Una bufanda, un lazo o un damasco en el balcón. Entre todos hilamos -libertad presos políticos- un reclamo permanente, infatigable e invencible. Sus policías ya no lo saben controlar, sus jueces no lo pueden encarcelar y sus mercaderes no tienen suficiente dinero para comprarlo. La dignidad no se encarcela. Estamos para que sueldo. Hasta que os volvemos a casa. Te quiero.

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Original en catalán en:
https://www.ara.cat/opinio/mocador-Txell_0_1934206606.html
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Un comentario

  1. Y su unico “delito” ha sido hacer la voluntad del pacifico PUEBLO CATALAN, no hay duda que tenemos un gobierno Central , franquista, corrupto, autoritario antidemocratico , monarquico y represor, que por haber hecho la voluntad del pueblo Catalan , con la proclamada REPUBLICA CATALANA, estan prisioneros del franquismo monarquico, asi lo dejo todo “bien”atado . Mas Claro ya no puede ser.

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