CHILE. Detenido en Francia el ex guerrillero comunista Ricardo Palma, protagonista de una histórica fuga de la cárcel más segura de Santiago

La policía francesa detuvo el viernes al exguerrillero chlileno Ricardo Palma Salamanca, quien se encontraba prófugo desde 1996, según confirmó la Cancillería de Chile al medio online Emol.

“La policía francesa detuvo este viernes al chileno Ricardo Alfonso Palma Salamanca, condenado por la Justicia por el asesinato del senador Jaime Guzmán”, informó Emol.

Palma, quien se encontraba prófugo de la Justicia desde 1996, fue descubierto este viernes en Francia junto a su pareja, Silvia Brzovic Pérez, según detalló el mismo medio.

Palma habría estado refugiado en México junto a su pareja, luego de huir de Chile en los años 90, pero según la información del juez que investiga el asesinato del senador Guzmán, Mario Carroza, Palma habría viajado a Francia en julio de este año.

La razón del viaje se habría debido a la detención de Raúl Escobar Poblete en México, otro exguerrillero chileno.

Palma fue un integrante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, una agrupación armada chilena que combatió el régimen militar del dictador Augusto Pinochet (1973-1990).

En 1992 fue condenado a 30 años de presidio por su prsunta participación en el asesinato del senador de derecha, Jaime Guzmán, hecho ocurrido en 1991.

Pero en 1996, Palma junto a otros compañeros del Frente fueron liberados desde el patio de la Cárcel de alta Seguridad de Santiago por un helicóptero, permaneciendo prófugo hasta el viernes.

Sputnik


Esta informacion proviene de un extenso trabajo de Roberto Ampuero “LOS AÑOS VERDE OLIVO” Ampuero conocido por su traición a nuestros hermanos Cubanos , traicion a nuestro pueblo trabajando con el enemigo (La Oficina , Ani, Marcelo Schilling, Oscar Carpenter y muchos otros mas) Ampuero, La Oficina y Otros han entregado valiosa información del “FPMR” a los aparatos de inteligencia chilena.

Pese a su contenido nos parece importante el contenido histórico.

No olvidar que este trabajo proviene del enemigo !! Para una mayor credibilidad de lo ocurrido en aquellos tiempos leer el libro de Luis Rojas Nuñez.. “De la rebelión popular a la sublevacion imaginada”

 

 

Los cuatro fugados junto “Emilio” y “El Chele” (encapuchados)

La calurosa tarde del 30 de diciembre de 1996, el inconfundible sonido de un helicóptero volando a baja altura sacó de sus rutinas al numeroso grupo de presos y gendarmes que poblaban la Cárcel de Alta Seguridad de Santiago.

A las 15.45 horas de ese día, un helicóptero Bell Long Ranger de la empresa Lassa sobrevoló la cárcel abriendo fuego de fusilería contra las casetas de vigilancia, para luego dejar caer una cuerda de 15 metros con un canastillo al que rápidamente treparon cuatro integrantes del FPMR que permanecían tras las rejas.

Dos de ellos eran los únicos autores del asesinato de Jaime Guzmán que estaban en cautiverio: Mauricio Hernández Norambuena, el “comandante Ramiro” y Ricardo Palma Salamanca. Los otros dos fugados eran Pablo Muñoz Hoffmann y Patricio Ortiz Montenegro.

Ramiro”, uno de los comandantes evadidos

Ante la mirada atónita de los gendarmes y la algarabía del resto de los presos, el canasto con los cuatro frentistas a bordo se elevó alejándose raudamente del recinto penal.

La operación “Vuelo de Justicia”, cuidadosamente planificada por la jefatura del FPMR se concretó esa tarde con un éxito rotundo, burlando un recinto que los organismos de gobierno creían, hasta ese momento, infranqueable.

Un año antes y para poner en marcha el plan, la plana mayor del FPMR, encabezada por Galvarino Apablaza, el “comandante Salvador” y Juan Gutiérrez Fischmann, “el Chele”, le habían encargado a Raúl Escobar Poblete, conocido como “Emilio”, la formación de un equipo selecto de personas.

Raúl Escobar Poblete o “Emilio, el jefe de rescate

Con “Emilio” al mando de la operación, el equipo seleccionado se dividió en dos grupos. El primero -bautizado como Comando MAB en honor al fallecido líder frentista Mauricio Arenas Bejas- fue encabezado por el propio “Emilio”, quien en mayo de 1996 había ingresado al país con una identidad falsa, burlando dos órdenes de aprehensión en su contra por el homicidio de Luis Fontaine en 1990, y de Jaime Guzmán, al año siguiente. Este grupo además lo componían el frentista que oficiaría de piloto y otro rodriguista conocido solo como “Rodrigo”, quien actuaría como fusilero.

El segundo grupo fue encargado de armar la fachada de distracción, siendo integrado por extranjeros vinculados a diversas organizaciones políticas. Este contingente estaba a cargo de Luis Carlos Distéfano, un argentino del que aún se desconoce su verdadera identidad. Hace un tiempo, ubicado por un canal de televisión chileno en Buenos Aires declaró; “Se comunicaron conmigo compañeros de la época del exilio y del internacionalismo y me plantearon que había compañeros chilenos que necesitaban hacer una operación, pero sin especificarme que. No me lo pensé mucho y acepte”.

El 23 de noviembre de 1996 ingresó a Chile, en un vuelo de Lan, la ciudadana irlandesa Christine Shannon. Dos días después su hermana Frances entró al país en otro vuelo de la misma aerolínea. Ambas eran integrantes del Seinn Fein, el brazo político del IRA. El grupo se completó en los primeros días de diciembre con el ingreso de dos argentinas; Marcela Acevedo y Vanessa Weinsber.

La colaboración de los extranjeros era vital en esta etapa del plan pues ellos ayudaron a Distefano a montar la fachada de “empresario turístico”. Todos eran voluntarios que ayudaban al Frente gracias a sus históricos contactos con otros grupos políticos alrededor del mundo.

A mediados de diciembre los dos grupos se instalaron en el que sería a partir de allí su centro de operaciones, una amplia casa arrendada por Distefano a orillas del lago Rapel. Nadie sospechó que tras esa fachada de simples turistas se planificaba la más espectacular fuga en la historia del país.

El día 14 el grupo celebró el 13ª aniversario del Frente, y en medio de esta reunión “Emilio” les dirigió algunas palabras; “Todos estamos contentos y confiados. El hecho de ir a juntarnos con nuestros hermanos, que nos van a estar esperando deja todo en familia. Cualquiera sea el desenlace, vamos a quedar entre hermanos”.

A mediados de 1996 el FPMR ya había decidido la alternativa aérea como única vía de rescate. El fallido intento de fuga de ocho rodriguistas desde la Ex Penitenciaria en 1992, descartó todo intento de escape terrestre por una toma o un asalto.

Patricio Ortiz, uno de los evadidos, recuerda desde su asilo en Suiza; “Además se descartaron los túneles, porque, aunque no lo comprobamos, se supone que habían sensores de movimiento en el perímetro de la prisión que podrían haber detectado los ruidos de una excavación”.

Patricio Ortiz Montenegro

Los sobrevuelos realizados con anterioridad, junto con antecedentes de otros traslados en helicóptero demostró a los frentistas la vulnerabilidad de los sistemas de control aéreo, por lo que la acción de salir por el aire resultó ser la más segura. Esta variante tenía una limitante de peso (el cupo máximo era de cuatro personas), pero presentaba a su favor la posibilidad de desarrollar una acción limpia. Para ello debía realizarse en un tiempo máximo de tres minutos.

Como primera medida “Emilio” ordenó al grupo concentrado en Rapel confeccionar una maqueta a escala para replicar el patio numero tres de la Cárcel de Alta Seguridad, donde se realizaría el rescate.

“Rodrigo” participó activamente en la construcción de la maqueta; “Primero hicimos un plano y después la maqueta en base a toda la información que teníamos y también por lo que nos decían los compañeros que estaban adentro. Fue un trabajo de muchas horas”.

La maqueta jugó un rol vital en la preparación, ya que ayudó a los frentistas a familiarizarse con la vista aérea de la cárcel, los sectores de fuego de cada tirador y los blancos que debían neutralizar.

En una de las visitas al interior de la cárcel, el “comandante Ramiro” fue informado del diseño definitivo del plan y la cantidad de personas que serian rescatadas, recibiendo instrucciones para que el grupo comenzara a prepararse. Esto implicaba bajar de peso, fortalecer los brazos y conocer a cabalidad el rol de cada uno en la operación.

Inicialmente el plan contemplaba a cinco personas para el escape. El quinto era Rafael Escorza, otro frentista que cumplía cadena perpetua junto a su esposa, Cristina San Juan, por el secuestro de Cristian Edwards. Pero Escorza se negó.

Rafael Escorza: “Ahí Mauricio vino para preguntarme si estaba o no estaba en esa. Y yo le dije que no, porque mi compañera estaba enferma, se había agravado y mi deseo era acompañarla en lo que pudiera. Luego, en otra de esas conversaciones el me dijo “es tu ultima oportunidad viejo, si no vas a estar aquí mínimo hasta el 2012”, y yo le dije “bien, es la decisión que tomo”. Al final ellos me entendieron”.

Rafael Escorza al ser detenido en 1992

Dentro del recinto, los cuatro rodriguistas compartían la misma galería, lo que les permitió coordinarse en su plan de escape. Claudio Martínez, ex director de Gendarmería; “El criterio de tenerlos juntos era para facilitar la vigilancia, porque al estar concentrados los lideres se evitaba la contaminación ideológica al resto del penal”.

Para no despertar sospechas los cuatro reclusos comenzaron a usar un lenguaje secreto durante sus conversaciones; “pintura” se refería al vuelo, “pintor” al piloto y “cuadro” al helicóptero.

En tanto el grupo de rescate continuó con la planificación. Uno de los problemas a solucionar era la imposibilidad que el helicóptero se posara en el patio al que diariamente accedían los rodriguistas encarcelados. Surgió primero la idea de dejar caer unas cuerdas anudadas, luego arneses y finalmente se optó por un canasto, que colgaría de una cuerda de 15 metros al cual debían subir los frentistas. Para proteger a los rescatados, la cesta hecha con dos aros de aluminio y tejida con una malla de cordeles, fue revestida con Keblar, un material altamente resistente, incluso a prueba de balas. Esta fue probada antes de la operación con dos disparos a corta distancia que certificaron la calidad del blindaje. Para neutralizar la posible reacción de gendarmería y del personal aledaño (FAMAE), el plan contempló aproximarse al penal abriendo fuego en forma de abanico y con ráfagas cortas.

Luego de algunas postergaciones, mayoritariamente fruto de la imposibilidad de obtener la aeronave deseada, a las seis de la mañana del 30 de diciembre, el comando frentista concentrado en Rapel dio inicio a la etapa final del plan.

“Rodrigo”; “Había que preparar a toda la gente en el enmascaramiento y todo eso, a unos encrespándoles el pelo, a otros planchándoselos, maquillándolos …además había que cargar la camioneta con el canasto, todo el armamento largo y las granadas …”.

A las 9 de esa mañana Distéfano llamó a la empresa Lassa para confirmar que el helicóptero Bell Long Ranger, que habían arrendado y probado con anterioridad, estuviera disponible para ese día. Minutos más tarde se comunicó con el conductor de turismo Isaac Friedmann, para que pasara a buscar a un grupo de “turistas” al Lomitón de Providencia. Distéfano: “Ahí un grupo partió al Lomitón y otro se quedó en la casa preparando la tarea de equipar el helicóptero”.

Esa misma mañana, al interior de la cárcel, los cuatro rodriguistas que escaparían se preparaban con cierta incertidumbre. Patricio Ortiz; “Ese día, entre cierto nerviosismo e incredulidad tratamos de hacer lo de todos los días, yo estaba con Pablo, con quien compartía la celda. El estaba tranquilo escuchando su música, Led Zeppelín y todo eso que le gustaba. El Negro (Ricardo Palma) con Mauricio estaban mas relajados, incluso hacían chistes con la situación”.

Ricardo Palma Salamanca, “El Negro”

El grupo que permanecía en Rapel preparó todos los elementos para equipar el helicóptero. Además limpiaron minuciosamente la casa para no dejar ningún rastro.

En tanto el grupo que esperaba en el Lomitón, conformado por “Emilio”, Distefano, el piloto frentista, las hermanas Shannon, y Marcela Acevedo, fue puntualmente recogido por Isaac Friedmann, quien los trasladó hasta el aeródromo de Tobalaba donde llegaron al mediodía como estaba presupuestado. Luego de la conversación con el encargado de la empresa de vuelos, “Emilio” y Distefano sintieron que un escalofrío les recorría el cuerpo. Habría un pequeño cambio de planes; Emilio Griffin, dueño de la empresa Lassa, y piloto asignado para ese día, no podría acompañarlos.

Distefano: “Ahí nos dice Griffin que el no puede ir, pero que va a ir el otro piloto, y me dice que es una persona muy capaz, muy idónea y que incluso es piloto de carabineros…”.

El capitán de carabineros Francisco Sagredo, quien en sus ratos libres ejercía como piloto alternativo de la empresa Lassa, se incorporó así, sin quererlo, al mayor plan de rescate nunca antes visto en Chile.

Zanjado el inconveniente y con el grupo de “turistas” a bordo, el capitán Sagredo despegó desde Tobalaba a las 12.51 de esa calurosa tarde, y tres minutos después se comunicó con el Control Aéreo para informar que cruzaría la capital de este a oeste para tomar rumbo a Chillán. Fue su único contacto radial.

Luego de quince minutos de vuelo, una de las pasajeras comenzó a presentar fuertes dolores estomacales. Esta era la artimaña preparada por el grupo para hacer descender al piloto y poder tomar el control de la nave. El capitán Sagredo, forzado por el percance, debió descender en un sector cercano a Melipilla. Al bajar fue inmediatamente encañonado con un arma e introducido a la parte trasera del aparato, donde fue esposado y vendado.

Francisco Sagredo; “Una vez que estuve amarrado yo dije “bueno, y quien va a pilotear” y unos de ellos me dijo “no te preocupes, yo lo voy a volar”. Por supuesto que no le creí. Finalmente despegamos y debo reconocer que el tipo lo hacia bien, así que le devolví la confianza, pese a que yo en ese momento no veía nada”.

El nuevo piloto, con doce meses de intensiva instrucción de vuelo en el extranjero, comenzó a sobrevolar el lago Rapel, descendiendo en un sector aledaño, donde los esperaba “Rodrigo” en un automóvil Lada Station. Ese vehículo fue abordado por Distefano y las extranjeras, quienes trasladaron al capitán Sagredo hasta la casa del lago, donde fue encerrado en una de las habitaciones.

Luego de unos minutos en tierra, los otros tres rodriguistas, esta vez todos chilenos, abordaron el helicóptero y lo trasladaron hasta otro punto del lago. En ese lugar rápidamente acondicionaron la aeronave.

“Rodrigo”: “Ahí tratamos de poner las placas antibalas que eran para protección del piloto. Era un sistema tipo rieles, muy pesado y que no nos cuadraba adentro. Fue una barbaridad. Al final, luego de varios intentos, tuvimos que sacar las puertas a la fuerza”.

A la dos de la tarde el Bell Long Ranger estaba listo para la acción. A esa hora “Emilio”, “Rodrigo” y el piloto emprendieron el vuelo definitivo hacia la Cárcel de Alta Seguridad.

En ella los cuatro rodriguistas esperaban alertas. A la una y media habían bajado al comedor del primer piso del recinto y simulaban tener una reunión. Desde esa sala tenían acceso al patio tres, el punto fijado para el arribo del helicóptero.

Rafael Escorza; “Yo estaba en esa sala conversando con otros compañeros, cuando veo a Mauricio y lo noto un poco nervioso. Entonces le digo “Mauro, quieres hablar conmigo” y el me contesto “no”, así, secamente y se marchó”.

Faltando una hora para llegar a la cárcel, el helicóptero volaba a tiempo según lo planeado. Sin embargo, sorpresivamente divisaron la costa. Habían tomado la dirección equivocada.

“Rodrigo”: “De repente el piloto dice “hey, creo que estamos perdidos”, y yo le digo “pero como?”, y me dice “si, mira el agua”. Ahí yo le grité “entonces date la vuelta”.

De vuelta en la ruta correcta y para no desviarse nuevamente, decidieron tomar como guía la actual Autopista del Sol. Esquivando el radar de Cerrillos y a una aeronave de Carabineros que se dirigía a Rodelillo, el Bell Ranger sobrevoló el Parque Brasil, para comprobar la ubicación del automóvil en que debían evacuar luego del descenso. Momentos después, y a la hora establecida el equipo operativo del FPMR avistó desde el aire la Cárcel de Alta Seguridad. Eran las 15.45.

Cuando comenzaron a sobrevolar el sector sur del penal, “Emilio” y “Rodrigo” iniciaron los disparos sobre las torres y pasarelas de vigilancia de la CAS previendo una eventual respuesta por parte de Gendarmería. No hubo ninguna.

Al escuchar la balacera primero, y el motor del helicóptero después, los cuatro frentistas que esperaban ser rescatados salieron a su encuentro en el patio donde estaba debidamente dispuesta la señal visual acordada: un balde amarillo.

Patricio Ortiz; “Empezamos a sentir los tiros de los fusiles que se empezaban a acercar y dijimos ya, esta es la nuestra, aquí vienen nuestros compañeros a rescatarnos. Y salimos hacia el patio como estaba planificado”.

En la sala de comunicaciones de los gendarmes se movió una cortina que inmediatamente recibió un rafagazo. Los celadores sólo atinaron a arrojarse al suelo buscando alguna protección, al tiempo que gritaban pidiendo sus chalecos antibalas.

Rafael Escorza: “Yo estaba tendido en la cama y sentí el ruido del helicóptero. Me asomé y me llamo la atención porque paso muy bajo. Y luego los disparos. Yo no entendía nada y en eso miro hacia abajo y veo a los muchachos corriendo. Fue todo muy rápido. Fue impresionante ver al hermano que iba en la pata del helicóptero con su fusil, que hay que ser bueno para eso, porque con la cadencia de tiro que lleva el arma, manejarla con una mano, no lo hace cualquiera”.

“Rodrigo”; “Estar arriba fue de película, pero lo conocíamos todo gracias a la maqueta. Ver a los muchachos abajo también fue impresionante. Al primero que ví fue al Negro moviendo sus brazos y esperando el canasto. Yo debía esperar que nuestro piloto bajara hasta quedar a exactos quince metros del suelo para poder lanzar el canasto. En esto no podíamos fallar. El tirarlo antes habría significado la desestabilización de la máquina”.

Un testigo que a esa hora se encontraba frente al recinto relata; “Fue todo súper rápido. Arriba del helicóptero había un tipo que disparaba con una ametralladora, y con el pie afuera y todo, era como un comando, una cuestión de película”.

Patricio Ortiz: “El canasto cayó al revés y Mauricio y el Negro lo restituyeron a su forma original. Recuerdo que Pablo se subió como a un vuelo charter, así tan simple, y el Negro también. Y el canasto comenzó a elevarse, y Mauricio y yo quedamos un momento allí congelados, y ya cuando estaba a la altura de nuestras cabezas, reaccionamos. Al final saltamos y yo me agarré de una de las cuerdas gruesas que llevaba el canasto por dentro. Ahí Mauricio también saltó y logró meter parte de su cabeza y brazos, pero el cuerpo le quedo colgando. La idea era distribuir el preso de manera uniforme, para ganar estabilidad. Yo debía ir de espaldas con el Negro, pero no se pudo”.

Pablo Muñoz Hofmann, el cuarto evadido

Luego de un par de segundos sobre el suelo, el canasto comenzó a elevarse. “Rodrigo”;“Apenas cayó el canasto, pasaron unos segundos y yo doy la orden “ya, vamos”. Fue así de rápido para ahorrar tiempo, y riesgo también”.

Sólo Ricardo Palma y Pablo Muñoz tuvieron tiempo de introducirse completamente en el canasto, pues Patricio Ortiz y “Ramiro” quedaron colgando. En el peor momento de la fuga, el bamboleo hizo que el canasto se estrellara contra unos de los muros de la prisión.

Patricio Ortiz; “Y cuando el helicóptero sale en ese ascenso tan fulminante, se bambolea y golpea de una manera brutal a Mauricio en uno de los muros. Pero el no cedió y se aferró con todo lo que tenia y empezamos a elevarnos a una velocidad increíble”.

Rafael Escorza: “Es más, yo creo que si hacen esa salida mil veces mas, no les sale igual. Porque la paredes del patio tenían estos alambres circulares que les llamaban tiburones, y Mauricio paso a unos centímetros de esa alambrada pudiendo haber quedado enganchado, y al hacerlo hubiera desestabilizado el helicóptero y hubiera quedado la escoba”.

Sin embargo, caer no era el único problema. Al ir completamente fuera del canasto, “Ramiro” era un blanco perfecto para los gendarmes. Desde el helicóptero, los frentistas aumentaron el fuego sobre las casetas de vigilancia para cubrirlo. Ricardo Palma, premunido de un arma que iba en la cesta, también alcanzó a dar algunos disparos contra los custodios.

Cerca de las cuatro de la tarde de ese 30 de diciembre los cuatro miembros del FPMR colgaban del helicóptero sobre Santiago, en un vuelo que estaba lejos de ser placentero.

Patricio Ortiz: “Hay un momento en el ascenso en el que la turbina del helicóptero se empieza a fundir. Subimos a una altura de 500 metros, a 200 km por hora, y de repente se sintió una cosa estática, una cosa muy rara, porque el helicóptero se quedo como detenido y no avanzaba”.

“Rodrigo”; “De repente sentimos como un golpe y yo pregunto que pasa, y era el mismo helicóptero que se estaba fundiendo, y bueno, tuvimos que seguir así”.

Otro punto crítico era el movimiento que sacudía al canasto. Al principio, el plan de los frentistas contempló que podría producirse un efecto “péndulo”, pero lo que ocurrió fue algo completamente diferente.

Patricio Ortiz; “Lo que paso realmente fue un efecto juguera, como nosotros lo denominamos, porque el canasto empezó a girar en forma circular, lo que contravino todas las leyes de gravedad”.

A pesar del movimiento que sacudía al canasto, los fugados se aferraron con todas sus fuerzas. La situación de “Ramiro” era la más crítica, pues sufría de vértigo. Para él, la opción de fugarse por el aire era lejos la más difícil. Cuando aún faltaba parte del recorrido, sus fuerzas parecieron llegar al límite. En un momento de desesperación el comandante frentista gritó a sus compañeros que se soltaría. Estaban a 500 metros de altura.

Patricio Ortiz; “Ahí empieza otra situación muy terrible, porque Pablo que iba de frente a Mauricio empieza a ver que este se estaba cayendo. Se le estaban durmiendo los músculos de los brazos y le dice a Pablo “yo me voy a caer, me voy a soltar”. Yo veía que Mauricio me agarraba la piernas por debajo con sus piernas, en un acto de aferrarse a la vida, y en un momento de desesperación le gritó a Pablo que lo tirara. Ahí Pablo, arriesgando su propia integridad, logró agarrarlo de un brazo y tirarlo para arriba, con lo que Mauricio logró estabilizarse”.

Para los cuatro frentistas que cuelgan del helicóptero los tres minutos de vuelo al Parque Brasil parecen interminables.

Patricio Ortiz; “Nosotros gritábamos de desesperación, insultábamos al piloto, le sacábamos la madre, yo no se cuantos garabatos dije, pero arriba obviamente no escuchaban nada”.

“Rodrigo”; “Yo no me quiero ni imaginar la presión que recibían. Del aire, del movimiento del canasto, de la altura, de todo y aparte dos de ellos que iban tan mal ubicados. Arriba no escuchábamos nada, y yo pensaba “bueno, tienen que aguantarse”, porque a esas alturas que mas podíamos hacer”.

Once minutos antes de las cuatro de la tarde el helicóptero Long Ranger comenzó su descenso sobre el Parque Brasil.

Patricio Ortiz; “De repente los edificios y la gente, que los veíamos chiquititos, se empezaron poco a poco a ampliar y nos dimos cuenta que estábamos bajando. Ahí nos vino un cierto miedo porque pensamos que si bajábamos a esa velocidad nos íbamos a sacar la mierda”.

El helicóptero, en su afán de llegar lo más pronto posible a tierra, realizó un aterrizaje prácticamente sin vuelo estacionario -como originalmente estaba previsto- y antes de posarse en una de las canchas de fútbol del Parque Brasil, el impacto del golpe fue dejando en tierra a los cuatro evadidos. Sólo Ricardo Palma llegó a bajarse del cesto cuando se detuvo la marcha. Los otros cayeron o saltaron a tierra con la fuerza del descenso.

Patricio Ortiz: “Llegamos a esas canchas y claro, ojalá hubiera sido una cancha de pasto, pero el pasto no apareció por ningún lado, estaba lleno de tierra. Pese a todo fue el mejor porrazo de nuestras vidas”.

Todo esto ocurría ante la mirada atónita de muchos pobladores que paseaban o jugaban fútbol en el lugar, ignorantes de que eran testigos de uno de los hechos más impactantes del acontecer nacional de los últimos tiempos.

“Rodrigo”; “Ahí empezamos a repartirles armas a los muchachos y en eso Ramiro me pregunta “Bueno, y en que nos vamos ?”. En medio del nerviosismo y la confusión, los frentistas corrieron al Subaru Legacy que los esperaba.

Patricio Ortíz: “Era un sentimiento de angustia y ansiedad de saber que habíamos logrado algo tan grande como la libertad y que esa libertad era muy sentida por gente que estaba dentro y fuera de la cárcel. Teníamos la tensión de saber que se estaba articulando un operativo de captura. Pero salimos tranquilos y nos dirigimos hacia nuestros refugios. Al final no pasó nada”.

Reportaje de TVN sobre el rescate

Como era de esperar, el rescate de los cuatro rodriguistas desde la Cárcel de Alta Seguridad provocó airadas reacciones en los mandos gubernamentales, aunque para muchos otros no quedaba más que reconocer la audacia e ingenio de los frentistas.

“Creo que es la operación más científica y técnica que ha hecho el FPMR”, afirmaba Lenin Guardia, un singular agente de inteligencia que había tratado de desarticular a la misma organización que ahora motivaba sus nerviosos elogios.

“La definiría como la operación mejor concebida, madurada, por un grupo de ultra izquierda en América Latina de esta última década. Por la limpieza con que se hizo, la sincronización de los tiempos, la articulación de factores. De una u otra forma se mostraron como los últimos herederos de la revolución cubana, con un profundo respeto de las personas”, se apresuraba a declarar a los diarios.

El tema generó reconocimiento, incluso en las altas esferas militares. Para muchos jefes de la aviación chilena la operación de rescate fue “algo sumamente profesional, aunque duela decirlo”.

El canasto y el helicóptero utilizado en el rescate

La Investigación

Inmediatamente después de ocurridos los hechos, la policía se dio a la tarea de obtener antecedentes y pistas de los fugados. Con el correr de los días, las indagaciones comenzaron a dar indicios sobre los involucrados. Entre éstos, algunas fotografías de Luis Carlos Distéfano, las que fueron obtenidas luego que un comerciante tomara contacto con Carabineros, manifestando que en su poder tenía algunas fotos en las que supuestamente aparecía el mismo individuo cuyo pasaporte fue publicado en la prensa. Personal de la Dipolcar analizó el material, captado en una compraventa de automóviles, y concluyó que efectivamente se trataba de Distéfano.

Igualmente fue posible detectar el lugar donde las hermanas Christine y Frances Shannon permanecieron alojadas en la capital. Las mujeres estuvieron en el hotel “Los Españoles”, ubicado en avenida Santa María, en Providencia. Según fuentes de inteligencia, los nexos con el IRA se habían consolidado en 1995, año en que un grupo del FPMR viajó a Irlanda para conseguir el apoyo logístico necesario para la fuga.

El ministro del caso consiguió también un video en el que aparecen los cuatro integrantes del FPMR evadidos y los miembros del comando que protagonizó el rescate. El documento fue grabado por un aficionado que vive en los alrededores del Parque Brasil, en la comuna de La Granja. El autor de la filmación, se encontraba grabando imágenes familiares en el interior de su vivienda cuando escuchó el ruido del helicóptero que aterrizaba en el parque. Inmediatamente comenzó a grabar por la ventana y captó al grupo de frentistas en el momento en que descendían de la aeronave y corrían al automóvil Subarú estacionado a pocos metros.

Fuentes bien informadas señalaron que en el video se distingue claramente cuando los individuos abordan el vehículo y huyen del lugar. Se supo que todos los frentistas se ven ilesos y en una evidente actitud de nerviosismo y felicidad.

Otra evidencia importante es la cinta magnetofónica que grabó casualmente el interno Gino Alvarado, cuando dejaba mensajes en una grabadora para su mujer, justo en el momento del tiroteo. En medio de silencios por el asombro ante la situación, el interno decía a su cónyuge: “Sabe mi amor, que en este momento anda un helicóptero aquí al lado de nosotros tirando balazos. Parece que quieren rescatar a alguien… ¡Se van fugando!, ¡se van fugando, mira! ¡Se van fugando tres gallos!, tres gallos en el helicóptero. Tienen que ser extremistas”.

Después de una pausa y cada vez más entusiasmado, continuó: “Se van fugando ¡qué lindo, oye!. Pasó un helicóptero y ¡tá-tá-tá-tá-tá! (imitando el sonido del helicóptero). Mira la gente como aplaude… Mira, allá va el helicóptero… de aquí lo veo, mi amor. Mira, va allá con tres gallos en el aire, va a salir en las noticias… en todas partes, mi amor”.

El resultado del peritaje balístico hecho a la cinta magnetofónica arrojo un resultado de 70 balas M-16 cuyos disparos fueron atribuidos en forma exclusiva a “Emilio” y “Rodrigo” que volaban en el helicóptero.

Prensa de la época

Tambien la argentina Marcela Alejandra Acevedo, no tardó en ser identificada. La policía chilena viajó a la nación trasandina en búsqueda de antecedentes y obtuvo su fotografía. Según las posteriores indagaciones, ella fue la mujer que fingió el mareo a bordo del helicóptero, para que el piloto aterrizara en el lago Rapel. Si bien se pensaba que la “afectada” de nauseas era una de las irlandesas, ésto fue descartado luego de que el propio capitán de Carabineros secuestrado no reconociera a las hermanas Shannon. Fuentes ligadas al proceso dijeron que Marcela Acevedo utilizó en Chile su identidad real. Por testigos fue descrita como de unos 30 años aproximadamente, contextura delgada, tez blanca y cabello castaño oscuro.

La argentina regresó a su país el 31 de diciembre de 1996, por el paso Los Libertadores, y aparentemente no ha vuelto a salir de esa nación. Incluso, la policía logró detectarla en Buenos Aires, pero nunca se formalizado su detención.

Viajando Por Sudamérica
No se volvieron a tener noticias de los fugados hasta dos meses después de ocurridos los hechos, cuando Mauricio Hernández Norambuena, envió un correo a la página de los presos políticos en Internet. “No podía ser de otra forma, hacer realidad la posibilidad de volar, justamente volando” eran las primeras palabras que el “comandante Ramiro” envió a Elías Letelier, el chileno que mantenía la pagina. “Ramiro” reaparecía en forma desafiante, diciendo que “nuestra ausencia del ‘barrio chino’ (módulo de la CAS donde permanecían recluidos) será un signo permanente de que no existen ‘muros tecnológicos’ capaces de doblegar cuando existe vergüenza y dignidad”.

“Ramiro” no dio pistas sobre su paradero y sólo envío un saludo “desde algún lugar de este lado de la vida”. El comandante frentista señaló que en su pensamiento seguían intactas las imágenes de los rostros de sus compañeros, con los que compartió durante años una diversidad de experiencias, cuyo centro era la voluntad de seguir luchando.

“No dudo que por sobre la adversidad de hoy, ellos se sentirán revitalizados con nuestra voluntad”, aventuró.

En la parte final de la carta, Ramiro manifestaba que su “reencuentro con la tierra, aunque fuese a través de un dichoso ‘porrazo’, fue como un renacer, ya que los dos minutos de vuelo significan el parto con su cuota de angustia y felicidad”.

Aunque la audaz huida en helicóptero desde el penal de máxima seguridad les resultó relativamente simple, la salida del país no fue igualmente fácil para los cuatro fugados. Expertos en inteligencia y las policías afirman que tras el aterrizaje del aparato en el Parque Brasil, cuatro células del FPMR se encargaron de ocultar a los fugitivos en distintas casas de seguridad de Santiago, acondicionadas especialmente para la ocasión.

Sin embargo, la “operación” estaba lejos de concluir ahí. De acuerdo con los investigadores, los frentistas abandonaron Chile separadamente días más tarde, usando a lo menos tres rutas de escape por pasos fronterizos no habilitados

El paso de Icalma, en las cercanías del volcán Lonquimay, en la novena región, y Puntas Negras, en Antofagasta, habrían sido los lugares escogidos para salir rumbo a Argentina, mientras que el norte de Arica fue la vía para llegar a Perú.

En el caso de Icalma, ubicado en la novena región, existieron algunas versiones que indicaban que los frentistas habrían abandonado Chile con rumbo a Argentina en un automóvil marca Peugeot, de color blanco, por un paso no habilitado oficialmente y sin control policial, el 3 de enero, o sea, cuatro días después de la fuga en helicóptero.

El automóvil habría sido acondicionado con vidrios blindados, adquiridos en un negocio de la comuna Padre Las Casas. Aparentemente, retratos hablados del comando del rescate fueron reconocidos por los lugareños.

Un equipo especial de inteligencia, vinculado a la investigación del caso de la fuga, se trasladó en enero a la novena región. Existía la posibilidad de que los extranjeros que integraron el comando del rescate fueran los mismos que habían estado meses antes en Icalma y el lago Hishué. Se efectuaron empadronamientos en algunos sectores de la zona y además fueron exhibidos a los lugareños los retratos hablados que se confeccionaron de los subversivos.

Otras fuentes manifestaron que las indagaciones arrojaron resultados positivos, ya que los ayudistas de la fuga fueron reconocidos. Sin embargo, era demasiado tarde.

Aunque la policía chilena nunca los pudo recapturar, agentes de inteligencia aseguran que siempre estuvieron siguiéndoles el rastro. Y pese a los magros resultados obtenidos en los años siguientes, los buscaron por España, Irlanda y Sudamérica con la hipótesis de que mantenían una conexión logística internacional con terroristas de la ETA, el IRA y las FARC, respectivamente. De hecho, a principios de 1997 dos equipos de expertos de la Policía de Investigaciones viajaron a Irlanda y Argentina, donde coordinados con agentes de ambos países rastrearon pistas sobre el paso de los frentistas. Así, indicios recabados por los policías al norte de Buenos Aires les permitieron determinar que los fugitivos viajaban por tierra en dirección al norte de ese país y que los cuatro huyeron de Chile por vías distintas.

A casi tres meses de su fuga, y luego de que recorrieran más de tres mil kilómetros por separado, sus itinerarios convergieron en tierras brasileñas, a las que llegaron tras un breve paso por Colombia.

Cuando la información de que Brasil era un punto de tránsito en su travesía llegó a manos de los servicios de inteligencia chilenos, éstos alertaron a sus similares de ese país y a la Interpol. No obstante, ambos organismos no aportaron datos significativos sobre el paradero de los perseguidos.

Con pasaportes falsos -y siempre por separado- los rodriguistas salieron del país cafetero por vía aérea en dirección a Ciudad de México. Aparentemente, fue la última vez que los cuatro se reunieron, porque cercanos al Frente señalan que mientras Patricio Ortiz partió a Suiza en compañía de una mujer que lo esperaba en tierras aztecas, Hernández, Palma y Muñoz se trasladaron a Cuba.

Los fugados, en algún lugar de Sudamérica

El frentista con menos prontuario de los cuatro fugados era Patricio Ortíz Montenegro, quien había protagonizado algunos actos subversivos, robos y hechos de sangre junto a su hermano Pedro Alberto.

Sobre los días inmediatamente siguientes al escape, Ortiz narró mas tarde, desde su asilo en Suiza, que a las pocas cuadras del aterrizaje los cuatro se separaron y cada uno abandonó Chile en distintos momentos. Recordó también que pasó por cinco países hasta llegar a un país grande de Latinoamérica, donde tenía que tomar contacto con la gente del frente. Sin embargo, el azar jugó en contra y la cita no se concretó.

“Intenté retomar comunicación, pero no pude”, sostiene. Y pese a que recurrió a todas las señales de emergencia acordadas por su organización, quedo a la deriva. Una idea se le fijó en la mente. El silencio de su organización podía significar que estaba siendo seguido. “Pensé que estaba con un problema de cola”, recuerda.

Evaluó sus posibilidades. Sabía que cualquier paso en falso le costaría caro a él y sus compañeros. Pero estaba en un país donde no conocía a nadie y carecía de recursos. Decidió entonces contactar a sus hermanos que vivían en Suiza desde 1973.

“No tenía otra opción. Y pensé que pese a las condiciones precarias, mi decisión de arribar a Suiza no ponía en peligro al resto de los fugados”, argumenta Ortiz.

Sigilosamente, se conectó con uno de sus hermanos y en julio de 1997 llegó a Suiza buscando el estatus de refugiado político. Permaneció casi un mes en libertad hasta que fue detenido, debido a que Chile había exigido su deportación. Diversas campañas de solidaridad y la presión de organizaciones humanitarias lograron que un año mas tarde la justicia suiza le diera libertad. A partir de ese momento quedó condicional y con estatus transitorio. Por largo tiempo, un control policial se mantuvo muy cerca del chileno.

“Durante el año de incomunicación me fue imposible tener algún vínculo con mis compañeros. Después, no quise insistir”,explica.

Su insólita aparición en Suiza, sin embargo, levantó una serie de especulaciones sobre una fuerte ruptura entre los fugados. En Chile, los medios sostuvieron que Ortiz se había “descolgado”, optando por un camino propio. El frentista admitió que existieron distintas opiniones políticas, pero que nunca se materializaron en un quiebre; “Nunca me descolgué de nada, eso es otra de las invenciones sobre nosotros”.

Los Rastros En Cuba
Las idílicas playas de Matanzas se constituyeron en la scenografía con la que el gobierno de Fidel Castro recibió a Mauricio Hernández, Ricardo Palma y Pablo Muñoz, tres de los cuatro frentistas fugados, una vez que éstos lograron arribar a la isla. En esta ciudad, ubicada a 100 kilómetros de La Habana, los integrantes del FPMR residieron durante casi un año en casas especiales proporcionadas por el régimen cubano, período en el cual debieron cumplir con una de las condiciones clave impuesta por sus anfitriones: no dirigir una rearticulación del Frente desde el interior de la isla.

Según el escritor chileno Roberto Ampuero, quien vivió largas temporadas en Cuba, es imposible que los prófugos hubieran arribado a la isla sin la previa autorización del mismísimo Fidel Castro; “Cualquiera que haya vivido en la isla sabe cuan difícil es conseguir residencia allí y puede imaginar que el arribo del grupo de fugitivos no pudo haber sido aprobado por un simple funcionario de inmigración, ni un oficial de rango medio, ni un general. Todos los que vivimos allá pasamos primero por un detallado interrogatorio sobre nuestras vidas, que después era chequeado con informantes, pues podíamos ser agentes de Pinochet o la CIA. El prontuario de Hernández Norambuena era demasiado notorio como para que el espionaje cubano lo ignorara. No nos engañemos: la decisión de permitir el ingreso a la isla a un discípulo extranjero con la biografía del “comandante Ramiro” sólo pudo haberla tomado Castro. Castro no está interesado en esclarecer esto, pues esa historia lo compromete profundamente.”

Al llegar a la isla los frentistas permanecieron unos días en La Habana, pero luego se radicaron en Matanzas. Un familiar de uno de ellos relató que durante su permanencia en esta localidad los fugados llevaron una vida normal. No estuvieron incomunicados y mantenían contactos normales con los habitantes del litoral, pero -según la misma fuente- el gobierno de Castro tomó algunas medidas de seguridad para protegerlos. La más importante fue la presencia permanente de un grupo de agentes encargados de vigilarlos y de velar por su integridad.

Tanto Hernández Norambuena como Muñoz Hofmann y Palma Salamanca vivieron en casas fiscales que les proporcionó la administración castrista. Asimismo, les facilitaron automóviles oficiales y desempeñaron algunas actividades laborales en el mismo balneario. Este sistema de vida duró varios meses. Incluso, Palma disfrutó de la tranquilidad necesaria frente a la costa de arenas blancas para escribir su primer libro, “El Gran Rescate”, que describe la operación que los liberó y que fue publicado en 1997.

Pero la agradable rutina se derrumbó. Cercanos a los rodriguistas señalan que todo se complicó luego de los polémicos llamados telefónicos que los fugitivos hicieron a sus familiares a fines de 1997 y que fueron interceptados por la policía chilena. En el caso de “Ramiro” una conversación telefónica sostenida con su hermana fue clave para que la policía chilena descubriera su paradero.

El 31 de marzo de 1997, el comandante frentista quizá sintió nostalgia de los suyos. La vida en la clandestinidad no es sencilla y quizá fue esa la razón que le llevó a marcar el teléfono de su hermana Cecilia. El llamado -grabado por Investigaciones en virtud de una orden judicial- fue hecho desde Cuba a Valparaíso, donde residen los familiares de “Ramiro”. El código del llamado confirmó que había sido efectuado desde La Habana.

No fue una comunicación corta. Duró 19 minutos y 57 segundos y llegó a Chile a través de la firma Chilesat. El dato interesante que aparecía era que el contacto se había producido desde Cuba, aunque el gerente de operaciones de la empresa en un documento reservado no podía dar fe si el inicio de la comunicación era o no el país caribeño. En su conversación familiar, Hernández Norambuena le indicó a su hermana que podía contactarle a través de “Joel”, que no era otro de Arnaldo Arenas Bejas, el mismo que actuó como fusilero en el atentado a Pinochet, y quien supuestamente fue el conductor del solitario vehículo con el que los prófugos abandonaron el Parque Brasil, donde aterrizó la aeronave que los sacó de prisión. Para eso le daba un teléfono de Cuba, el 669488, usando el código 7 que es la localidad de Alamar, según versa el informe firmado por el entonces jefe de inteligencia policial, prefecto Luis González Cuevas.

En la grabación, cuyo contenido fue informado en su oportunidad al ministro en visita Lamberto Cisternas, el “comandante Ramiro” manifestó a su hermana que se encontraba bien, junto al resto de sus compañeros, Ricardo Palma Salamanca y Pablo Muñoz Hoffmann. Según un personero que conoce el proceso sustanciado por el magistrado, la conversación fue “telegráfica y hablaban medio en clave. Además se estaban moviendo por distintas partes”. Asimismo, ambos planificaron un encuentro para septiembre en otro lugar del continente americano. La policía chilena, a través de Interpol, esperaba que allí se produjera la detención del frentista fugado, lo que posteriormente se diluyo.

En el mismo documento la policía concluía que los fugados estaban o habían estado en Cuba, pero también en Brasil. Esto porque “Ramiro” le comentaba a su hermana sobre su estadía en las playas de Ipanema, Copacabana y Leblon, donde se habrían tomado las fotografías que fueron publicadas tras la fuga.

A mediados de 1997, la policía de Investigaciones nuevamente interceptó una veintena de llamados telefónicos realizados desde Cuba, ahora de los tres frentistas fugados. Los contactos con parientes y amigos, que permitieron incluso detectar los números telefónicos, fueron una prueba irrefutable de que los prófugos se encontraban en la isla.

En una de las conversaciones telefónicas interceptadas, uno de los frentistas mencionó el nombre de Muñoz Hofmann y nuevamente el de Arnaldo Arenas Béjas, Fue entonces cuando Lamberto Cisternas disipó sus dudas. “Para él estaban en Cuba”, afirma un testigo del episodio.

Junto con confirmar el paradero de los frentistas, las grabaciones telefónicas detectaron una conexión aún más comprometedora. Una de las llamadas registró la voz de José Luis Ojalvo, experimentado hombre de la inteligencia cubana que incluso cooperó con el Che Guevara en su fatídica aventura armada en Bolivia, en 1966. Bajo cobertura diplomática, Ojalvo operaba en la embajada cubana en Santiago como representante del Departamento América, la mítica agencia de Fidel Castro encargada de mantener los vínculos con la subversión en el continente. El error le costó caro: cuando la misión cubana se enteró de que sus conversaciones con uno de los frentistas habían sido interceptados, decidió regresarlo a La Habana. Allí, según un socialista chileno con muy buenos contactos en la isla, al poco tiempo murió.

De igual modo, agentes de inteligencia policial detectaron que la madre de Ricardo Palma, Mirna Salamanca, la primera semana de julio de 1997 abandono el país en un vuelo directo con destino a La Habana. La visita fue de casi 10 días y, según los mismos agentes, marcó el primer reencuentro entre la madre y el hijo.

Además hay versiones que hablan de otras licencias en que incurrieron los frentistas;“Luego de escapar de la cárcel, los fugados se escribían correos electrónicos felicitándose mutuamente por el éxito de la operación, cuando cualquiera que conoce algo de comunicación electrónica sabe que puede ser detectado desde cualquier lugar y que se puede determinar el origen de la comunicación, al grado de poder localizar el computador mismo desde donde sale la información”, afirma un importante rodriguista.

Tantas congratulaciones y contactos no agradaron al gobierno cubano. Menos cuando los frentistas continuaron haciendo ruido ya instalados en la localidad de Matanzas. El espionaje del gobierno chileno logró infiltrar el cerco que rodeaba a los fugados y de esta manera constatar físicamente la presencia de ellos en Cuba. Tal acción fue lograda por un joven funcionario de la Embajada chilena, que los penetró y permitió a Chile tener la certeza de que los escapados se encontraban en ese país.

Estas “negligencias” de los fugados fue un motivo de fuerte reprimenda de parte de funcionarios del régimen cubano. La mayor molestia fue con Mauricio Hernández Norambuena, porque los servicios secretos cubanos consideraron inadmisible que un “comandante” incurriera en omisiones de esta envergadura. Para colmo, Hernández Norambuena nunca se adaptó al bajo perfil y al trabajo rutinario exigido por los anfitriones a sus huéspedes como condición para permanecer bajo el alero cubano. En cambio, seguía rondando en su cabeza la necesidad de rearticular el FPMR.

Ese episodio marcó el fin de la estadía del “comandante Ramiro” en Cuba. No está clara la fecha de su partida, pero sí se sabe con precisión que Muñoz Hofmann permaneció un par de meses más bajo el alero cubano.

“Fidel se vio obligado a invitarlos a salir, que es casi lo mismo que expulsarlos, pero dándoles una asistencia para que pudieran hacerlo. Alrededor de 15 (frentistas) fueron los que abandonaron el país y transportados a naciones de su elección, como Ecuador, Perú, Colombia y Chiapas”, asegura el mismo ex subversivo.

Con todo, según fuentes judiciales, las intercepciones telefónicas hechas a los tres frentistas arrojaron una inesperada línea de investigación en el proceso. En estos intercambios se descubrió que el grupo se había dividido por problemas de convivencia y es aquí donde el nombre de Ricardo Palma Salamanca comienza a separarse del periplo en el que se embarcarían sus ex compañeros de fuga. Ya entonces las indagaciones de la investigación llevada a cabo por Cisternas comenzaban a delinear los escenarios de los movimientos de los frentistas por América Latina, específicamente por Nicaragua, El Salvador, Brasil y Argentina.

De acuerdo con declaraciones hechas por el ex ministro Figueroa, a principios de 1998 las autoridades chilenas estuvieron a punto de detener a Hernández Norambuena en Buenos Aires. El “comandante Ramiro” viajó a la capital argentina para encontrarse con la ex vocera del FPMR y su entonces pareja sentimental, Lorena Astorga. “Una desinteligencia entre las policías provincial y federal trasandina –explica Figueroa– impidió la captura del jefe operativo del Frente”.

Los frecuentes viajes a Argentina y Brasil de los fugados de la CAS -donde el rodriguismo mantiene una base logística y financiera, quedarían ratificados posteriormente con la sorpresiva detención de “Ramiro” en Sao Paulo, en su condición de uno de los líderes del secuestro del publicista brasileño Washington Olivetto. Cercanos a la investigación del magistrado afirman, no obstante, que Cisternas esperaba por esas fechas un golpe del FPMR en Colombia o Brasil.

Mientras tanto, en la Habana, el 25 de febrero del 2002 había aterrizado Joaquín Lavín, como parte de una visita que tenia el fin de estrechar vínculos con el gobierno cubano y así crear un perfil de apertura política en base a las próximas elecciones que se realizarían en Chile. Lavin jamás imaginó -e incluso hoy le costaría creerlo- que apenas cuatro días antes de su aterrizaje en La Habana, y sólo a 33 kilómetros de la capital cubana, un grupo de frentistas, entre ellos Ricardo Palma Salamanca, relataba sus “hazañas” subversivas a un grupo de jóvenes de varios países del mundo.

De acuerdo a una investigación realizada en Cuba, la tercera semana de febrero la Escuela Internacional de Deportes y Educación Física, ubicada a 33 kilómetros de la capital cubana, celebraba su segundo aniversario. Con una matrícula que ya alcanza a más de 800 alumnos provenientes de 91 países -60 de ellos chilenos-, el complejo invitó ese mes a un grupo de miembros del FPMR, quienes llegaron en automóviles facilitados por el gobierno, para compartir durante varios días sus experiencias con los alumnos.

Ante una audiencia compuesta por varios cientos de estudiantes, los subversivos chilenos relataron operaciones como el frustrado atentado en contra del general Augusto Pinochet en el Cajón del Maipo, en 1986; la masiva fuga ocurrida en 1990 desde la Cárcel Pública a través de un túnel, y el escape desde la Cárcel de Alta Seguridad (CAS), en 1996. Temas como el financiamiento que reciben de la ETA y el IRA, sus negocios de fachada en Chile y el aprendizaje que reciben en Cuba, también formaron parte de las animadas tertulias.

Los oradores compartieron con los cautivados jóvenes detalles de cómo se confeccionó el canasto en el que huyeron los subversivos de la CAS y de las temerarias maniobras que realizó el piloto del helicóptero que los trasladó.

El “expositor estrella” del cónclave fue sin duda Ricardo Palma Salamanca, quien incluso aceptó gustoso fotografiarse con algunos de los presentes.

Su presencia en el evento no constituye un hecho sorprendente para diversas fuentes cubanas y de la inteligencia chilena. Esto, porque existe la convicción de que él fue el único de los fugados de la CAS que permaneció en tierra cubana luego de la abrupta partida de sus compañeros fugados.

En los propios círculos del FPMR reconocen que Ricardo Palma, alias “el Negro”, comenzó a sufrir problemas sicológicos luego de fugarse de la CAS en 1996. Dueño de un carácter temperamental y con tendencia a la depresión, una vez que llegó a Cuba comenzó a ser atendido en un hospital de alta seguridad para combatientes que sufren problemas mentales producto de la guerra, ubicado cerca del sector de El Vedado. De acuerdo a un importante miembro del FPMR que conoce el tema, más que estar loco o esquizofrénico, Palma fue víctima de una crisis de nervios causada por un trauma depresivo como consecuencia de los largos años de encierro y tortura: “Normalmente este es un cuadro que se produce después que el individuo es sometido a un proceso de libertad. De pronto pareciera que uno se enfrenta a un abismo (…) que puede llevar al quiebre del individuo con la realidad y a serios trastornos”.

Con todo, su tratamiento y el hecho de estar sumergido en la redacción de su libro “El Gran Rescate”, lo mantuvieron en la isla caribeña. En otras palabras, el régimen habría tenido a la vista consideraciones de orden humanitario para no expulsarlo. Algo muy distinto de lo que ocurrió con el resto de sus compañeros, especialmente con “Ramiro”.

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