CARLOS TAIBO. Cataluña: dos inteligentísimas respuestas

En el mundo político y mediático español la disputa sobre el referendo catalán se traduce en dos posiciones mayores. La primera, abrupta hasta extremos impensables y claramente mayoritaria, se materializa en esa frase, tantas veces repetida, que asevera que “Cataluña ha sido y será siempre España”. Hermosa lección de democracia la de estos nacionalistas españoles que invocan la voluntad popular cuando les conviene y la esquivan cuando aquélla se apresta a hurgar, pecaminosamente, en esencias intocables.

Más miga tiene, con todo, la segunda de las posiciones. Sobre el papel más abierta y concesiva, subraya que el despliegue del derecho de autodeterminación, a primera vista respetable, reclama reformas legales que necesitan su tiempo. Si unas veces los portavoces de esta posición prefieren ocultar que rechazan, palmaria y eficientemente, esas reformas, otras lo que hacen es ignorar -sospecho que interesadamente- que para sacarlas adelante, y aritméticas parlamentarias de por medio, serán precisos cambios sustanciales que resultan difícilmente imaginables en el corto, el medio y el largo plazo. De esta suerte, las gentes de las que hablo ahora se convierten en paradójicos sustentadores del cerrojo que supone una Constitución, la de 1978, que dicen repudiar en muchos de sus términos y en no menos paradójicos detractores del ejercicio de justificada desobediencia civil que es el referendo catalán de estas horas.

Aunque las dos posiciones que me ocupan participan de lleno de esa unidad de desatino en lo universal en la que malvivimos, una unidad delirante hoy fortalecida gracias a la histeria del grueso de los integrantes del gremio periodístico, me quedo con la primera. A diferencia de la segunda, exhibe una inestimable virtud: la de no engañar a nadie.

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Un comentario

  1. …”exhibe una inestimable virtud: la de no engañar a nadie.”

    A ver, amor, que está bien opinar y realizar el artículo que encaje con lo que está sucediendo y dar a entender que de alguna manera sigo en la brega con el uso de la dialéctica…

    ¿Pero de qué virtud me hablas? Si parte de la mentira más grande y de la condición humana más rancia, ¿con eso te conformas? ¿esa es la mediocridad en que te hallas?

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