CARLO FRABETTI. Un trabajo como los demás

Abolicionismo, romanticismo y paternalismo

Carlo Frabetti

Uno de los argumentos recurrentes de las/os abolicionistas es que “la prostitución no es un trabajo como los demás”, y por tanto no se puede legalizar ni regular de ninguna manera. Nos encontramos, pues, ante uno de esos casos en que una sola frase invalida todo un discurso, ya que, por una parte, quienes afirman tal cosa les niegan a las trabajadoras del sexo, que se autodenominan así, el derecho a definir su propia actividad en función de cómo la viven y contemplan ellas mismas, y, por otra, dan por supuesto que existe una norma/normalidad laboral en la que las TS no tienen cabida.

¿Cuáles son “los demás” trabajos, los que sí merecen ese nombre? ¿Los incluidos en alguna lista oficial u oficiosa que las/os abolicionistas nunca presentan? ¿Por qué no nos dan su definición de trabajo y no-trabajo? ¿O es que para las/os abolicionistas el de las TS es el único que no merece el nombre de trabajo? Para predicar con el ejemplo, voy a presentar yo una breve lista de trabajos que conllevan peligros y abusos para muchas de las mujeres que los realizan, y/o que pueden dar una imagen negativa de la condición femenina, y que sin embargo nadie intenta abolir: ama de casa, policía, militar, presentadora de televisión, modelo, secretaria, publicista, monja, actriz porno, gogó, animadora, cantante sexy, tertuliana, camarera, princesa, reina, empleada del hogar…

Algunos trabajos son degradantes en sí mismos; otros podrían no serlo, pero en nuestra sociedad clasista están abocados a la degradación. ¿Hay algo peor que un(a) policía cuando su principal función es proteger la propiedad burguesa? ¿Hay algo peor que un(a) militar al servicio directo o indirecto de la Organización Terrorista del Atlántico Norte? ¿Hay algo peor que una atractiva presentadora de televisión que intenta convencernos de que esto es una democracia? ¿Son los suyos “trabajos como los demás”? ¿Por qué las/os abolicionistas se centran en las TS en lugar de propugnar la abolición de las amas de casa, el colectivo con mayor índice de depresiones y suicidios? Que lo digan sin ambages, si tienen otros argumentos que no sean el puritanismo y el paternalismo de quienes no admiten que las

mujeres decidan lo que hacen con su cuerpo (en última instancia, el abolicionismo y el antiabortismo son ramas del mismo tronco patriarcal).

Al igual que el hijo de Asunción, yo no fumo ni bebo ni juego al balón, y considero que el tabaco, el alcohol y el fútbol son drogas nefastas para el cuerpo y/o la mente de sus consumidores habituales; pero me opondría enérgicamente a cualquier intento de prohibirlos, y abogo con la misma energía por la legalización de las demás drogas. La ley seca solo benefició a Al Capone, y la ilegalización arbitraria de algunas drogas solo beneficia a los narcotraficantes y a los funcionarios corruptos. Y, al margen de otras consideraciones, la ilegalización de la prostitución solo beneficiaría a los proxenetas y a las mafias. Y al decir esto no estoy abogando por ninguna forma concreta de regulación o legalización, ni soy quién para hacerlo (sería incurrir en un paternalismo similar, aunque de signo contrario, al de las/os abolicionistas); eso lo dirán -lo están diciendo ya- las TS, y lo primero que hay que hacer es escucharlas.

Las/os abolicionistas confunden los efectos con las causas, mezclan la ética con el romanticismo y toman la parte por el todo, como esos ecologistas ingenuos que protestan contra las centrales nucleares en vez de protestar contra los automóviles y el carnivorismo. Uno y otro grupo reaccionan de manera fóbica, respectivamente, ante la energía sexual y la energía atómica, las grandes fuerzas de la naturaleza. Seguramente sus intenciones son buenas; pero, como dijo Dante, que estuvo allí, el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones.

Lee y Comparte. Ayuda a que la contrainformación llegue a más personas.Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInShare on RedditEmail this to someone

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*