CARLO FRABETTI. Poslógica

Dicen los payasos del circo político (tan necesarios como los malabaristas y los domadores para que siga el espectáculo) que los independentistas han despertado al fantasma del fascismo (¿del mismo modo que las minifalderas despiertan a los violadores?). En mi caso concreto, los payasos, los fantasmas y los medios de comunicación a su servicio (que son casi todos) han despertado al matemático que hay en mí. Porque en nuestro circo político, que está involucionando rápidamente hacia sus orígenes (el despiadado circo romano), más aún que la justicia, se está pisoteando la lógica elemental.

Más fuerte que la indignación (y ya es decir) es la mezcla de perplejidad y vergüenza ajena ante las idioteces que dicen sin inmutarse algunos letrados, muchos políticos y la mayoría de los opinadores profesionales. Y más fuerte que la perplejidad y la vergüenza, el desasosiego que invade al matemático que todos llevamos dentro al ver hechas trizas las más elementales leyes de la lógica, previas a las de cualquier código y base necesaria de cualquier argumentación jurídica, o de cualquier otro tipo.

Ni posverdad ni posmentira, sino algo aún peor: estamos en la era de la poslógica. Se puede decir cualquier cosa, hacer cualquier afirmación sin que haya relación alguna entre antecedente y consecuente, sin que las conclusiones tengan nada que ver con las premisas. Se puede decir impunemente que una persona encarcelada por sus actividades políticas no es un preso político. Se puede decir impunemente que un Estado en el que la tortura es una práctica sistemática y la brutalidad policial tiene premio, es una democracia. Se puede decir impunemente que un Gobierno de ladrones, embusteros e incapaces es el defensor de la ley y el orden. Se puede decir impunemente que una pandilla de pederastas, homófobos y misóginos bien cebados son los vicarios de Cristo. Se puede decir impunemente que los jueces que encarcelan por violentos a los pacifistas y absuelven a los matones de la extrema derecha son los garantes del Estado de derecho…

Y además, la poslógica se funde y confunde con la prelógica -el pensamiento mágico- en su uso recurrente de la tautología. España es una democracia (e incluso “una democracia madura” y “una de las más

avanzadas del mundo”) y en las democracias no hay presos políticos; por lo tanto, en España no hay presos políticos. España es un Estado de derecho, y en un Estados de derecho los poderes ejecutivo, legislativo y judicial son independientes; por lo tanto, la justicia actúa con total independencia del poder político. El presidente de un Gobierno democrático no puede ser un vulgar chorizo; por lo tanto, M. Rajoy no es Mariano Rajoy…

No solo tenemos que luchar en defensa de la verdad y de la justicia, sino también, y ante todo, en defensa de la razón, de la mera lógica elemental, de la aritmética de las cosas, que, como ya comprendió Pitágoras, es también la aritmética de los números. Porque si nos olvidamos de que dos y dos son cuatro, abrimos la puerta a cualquier absurdidad. Si dos y dos son cinco, yo soy Rajoy. Efectivamente, si 2 + 2 = 5, 2 + 2 = 2 + 3, luego 2 = 3, luego 1 + 1 = 1 + 2, luego 1 = 2. Rajoy y yo somos dos, pero como 1 = 2, Rajoy y yo somos uno, luego yo soy Rajoy. Cosa que debería aprovechar para dimitir inmediatamente. O para tirarme por la ventana, como el cura de El exorcista.

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