CARLO FRABETTI. La patria de los obreros

En ciertos sectores de la izquierda todavía persiste la idea -tan absurda como conveniente para los poderes establecidos- de que el independentismo y el internacionalismo son incompatibles, por no decir antagónicos. El internacionalismo une a los pueblos, mientras que el independentismo los divide, argumentan algunos, ya sea de forma ingenua o tendenciosa. De forma tan ingenua o tan tendenciosa que olvidan incluso algo tan elemental como que, por definición, el internacionalismo presupone la existencia de diversas naciones -y nacionalismos- capaces de interrelacionarse solidariamente. Lo que, a su vez, supone entender el nacionalismo no como la exaltación arrogante de determinadas peculiaridades culturales ni como la reivindicación excluyente de privilegios arbitrarios, sino como la pura y simple afirmación de la propia identidad y de la propia soberanía frente a quienes las niegan o las limitan. Y en una época en la que el capitalismo adopta la forma de un imperialismo avasallador que intenta arrebatarles a los pueblos su identidad para poder arrebatarles todo lo demás, la defensa de la soberanía y el derecho de autodeterminación se convierte en un aspecto fundamental de la lucha anticapitalista.

Así lo han entendido la mayoría de los cubanos, para quienes “socialismo o muerte” y “patria o muerte” se han convertido en lemas equivalentes, puesto que tienen muy claro que la defensa de su soberanía nacional y la defensa de su proceso revolucionario son una misma cosa. Así lo ha entendido una buena parte del pueblo vasco, cuya lucha contra la opresión de los estados español y francés se funde y se confunde con la lucha de clases. Y así lo han entendido también diversas organizaciones independentistas catalanas, gallegas, castellanas, aragonesas, andaluzas… Y así empiezan a entenderlo, por fin, algunas formaciones de izquierdas de ámbito estatal.

Sin embargo, el incontenible clamor soberanista que en estos días sacude Catalunya ha provocado el paradójico rechazo de una parte de la izquierda, esa que repite como jaculatorias ciertas consignas marxistas que, sacadas de contexto, dejan de tener sentido o, lo que es peor, se prestan a todo tipo de tergiversaciones. Y una de las más equívocas de esas consignas descontextualizadas (que llevaron al propio Marx a decir “Yo no soy marxista”), invocada recurrentemente por quienes se oponen al independentismo, es “Los obreros no tienen patria”. En el marco del Manifiesto comunista, la frase tiene pleno sentido, pues lo que dicen expresamente Marx y Engels es que el proletariado no puede identificarse con el modelo de nación burgués -basado en la explotación de unas personas por otras y de unos países por otros- y ha de construir su propio modelo solidario; fuera de ese contexto, la frase se ha utilizado a menudo para cuestionar las reivindicaciones identitarias y soberanistas de los pueblos oprimidos, y la izquierda institucional no puede hacerse cómplice de esta manipulación.

Cuando en América Latina y en Oriente Próximo los desheredados del mundo libran una batalla decisiva contra el imperialismo, las privilegiadas izquierdas europeas tienen la insoslayable responsabilidad política e histórica de unirse en un frente común, en una quinta columna que desde el propio interior de los países ricos, desde el corazón de la bestia, contribuya a desbaratar los planes de expolio y exterminio de un capitalismo exasperado que también entre nosotros, y hoy más que nunca en Catalunya, está mostrando su rostro más brutal.

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2 comentarios

  1. Laura Delfargue

    Yo sigo pensando que todas las naciones son un invento. Y que las fronteras sólo sirven para volvernos más egocéntricos, más paletos, más cerrados.

    El internacionalismo es otra cosa bien distinta a lo que dices. Nuestro internacionalismo debería ser ecocéntrico: esto es, tomar nuestro universo intergaláctico como centro de nuestra vitalidad.

    Nuestro comunismo va más allá de una Patria o de un terruño.

    Nuestros compañeros de las CUP no ven más allá de sus pobres narices. Y lo peor es que no tienen ni siquiera una Idea, un Proyecto de nada para el día después. Son, por decirlo con Lenin, un buen reflejo del infantilismo izquierdista que se quedan obnubilados con el tema de la Independencia Nazional. Y no saben qué hacer después. Y ese después es el que hay que dirimir: con ciencias y a base de construir conciencias que sean radicalmente subversivas y revolucionarias que luchen por los bienes comunitarios y su justa distribución entre todos los seres (incluidos, por supuesto, nuestros hermanos los animales).

    Es verdad que la batalla contra Rajoy y sus huestes nos puede llevar a error. Y nos puede hacer creer que la batalla del 1-O es definitiva. No. No lo es. Pero, por supuesto que hay que darla. Pues, gracias a las camaradas de las CUP las costuras de este régimen pseudodemocrático se han resquebrajado y se han expuesto tal y como son a todos aquellos que quisieran verlas. Pero los comunistas no podemos caer en esas trampas: ni siquiera Franco era el problema. Él, por desgracia, se nos murió en la cama y su cáncer perdura. El gran problema se llama capitalismo tanatocrático. Y nuestra lucha contra él se tiene que hacerse desde los planteamientos de un comunismo ecológico internacionalista sin fronteras.

  2. Carlo Frabettti

    LAURA, estamos básicamente de acuerdo. Hay que ir hacia un concepto de nación que haga innecesarias las fronteras. Pero mientras haya tareas de gestión y administración, o aceptamos un centralismo absoluto y mando único, o cada nación tendrá que autogestionarse.

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