CARLO FRABETTI. La nación más transparente

Frágil y transparente

como una urna de cristal,

fue la más fuerte,

sin más arma que la verdad.

Tomen ejemplo Aquiles y Odiseo,

Heracles y Jasón, los propios dioses.

(Epitafio de Antígona)

 

A principios del siglo XIX, Humboldt se refirió al valle de México como “la región más transparente”. Y el pasado 1 de octubre por la tarde, mientras esperaba la embestida policial en la Escola Pla de Girona (junto a varios cientos de madres, padres, yayas y yayos peligrosamente armados de valor y dignidad), la frase me vino súbitamente a la cabeza. Pero con las tres primeras letras cambiadas: “la nación más transparente”. Porque, por primera vez en cincuenta años de militancia anticapitalista, tuve la evidencia directa e inmediata -a través de los continuos mensajes y el incesante tráfico de personas- de una nación en movimiento; una evidencia -fruto de una nueva forma de transparencia- que los acontecimientos de las horas y días siguientes reforzaron cada vez más.

Y como a menudo unas evidencias llevan a otras, caí en la cuenta (y seguro que no soy el único) de que hay una forma sencilla, por no decir trivial, de completar y ratificar la votación del 1-O. Porque lo que hace que una votación sea un proceso complicado y manipulable es el voto secreto. Si los votantes aceptan que su voto no sea secreto (y en este caso ya lo han hecho: luego volveré sobre este punto), un referéndum se convierte en algo tan sencillo como que cada cual mande su voto, junto con su nombre y su DNI, a una dirección de correo electrónico habilitada para ello. Cualquier persona podría acceder en cualquier momento a esta urna electrónica transparente y comprobar si su voto, o cualquier otro, había sido registrado de forma correcta, y cualquier organismo nacional, estatal o internacional podría supervisar todo el proceso.

Cabría objetar que muchas personas, sobre todo entre las de más edad, no tienen fácil acceso a un ordenador o no saben usarlo. Pero el 1-O vimos a un buen número de ancianas y ancianos llegar hasta las urnas en sillas de ruedas empujadas por sus allegados, y facilitar un trámite electrónico es mucho más sencillo y cómodo que ayudar a alguien a desplazarse físicamente.

Digo más arriba que los votantes ya han aceptado que su voto no sea secreto, porque el mero hecho de ir a votar en las condiciones en que se hizo el 1-O es votar SÍ a la votación misma, y es votar rotundamente NO a la represión; es convertirse en papeletas humanas para autointroducirse en las urnas transparentes en que se convirtieron los colegios electorales asediados por la policía, para mostrar al mundo la dimensión física y moral del referéndum de autodeterminación.

Como aquel personaje de Molière que hablaba en prosa sin saberlo, a menudo hablamos y actuamos poéticamente sin darnos cuenta, y expresamos mediante metáforas y metonimias espontáneas nuestros sentimientos más vigorosos. Además de la votación real, las gentes de Catalunya protagonizaron el 1-O una masiva votación metafórica en la que las personas mismas eran los ultrajados votos, expuestos a todas las miradas y a todas las agresiones. Catalunya, la nación más transparente, ya ha prescindido, de facto, del secreto de voto, y seguro que volvería a hacerlo cuantas veces fuera necesario, para ejemplo de propios y extraños.

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2 comentarios

  1. Yo con todo mis respetos lo único que veo es lo contrario a la transparencia: en Catalunya ahora mismo ni Dios sabe la hora qué es. Ni saben a qué atenerse ni que es realmente lo que pasa ni lo que pasará. Se cumple una vez más aquello de disparar al campanario para destruir el reloj. Y ese principio anárquico más que provocar transparencia lo que va a generar es desesperación y dolor porque a estas horas nadie sabe nada: ya que todo está en la oscuridad más absoluta. Un proceso ciego en un torbellino de corrupción increíble.

  2. Carlo Frabettti

    A MEFISTO
    La nación es transparente; sus políticos, no tanto.

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