CARLO FRABETTI. El placer de matar

(Caníbal cautivo/ 13)

Alguien que disfruta matando o viendo matar es, en el mejor de los casos, un degenerado. La mayoría de las personas (empezando por los psicólogos) suscribirían esta afirmación; sin embargo, también son mayoría quienes aceptan con naturalidad “actividades deportivas” como la caza y la pesca, y siguen siendo muchas (aunque por suerte cada vez menos) las personas que no se oponen a las corridas de toros y otras “fiestas” en las que se tortura y mata a animales no humanos. ¿Cómo se explica esta contradicción? ¿Por qué tolera la sociedad que un reyezuelo miserable se aproveche de su impunidad para matar por diversión a animales de especies protegidas?

En el Estado español hay, según datos de 2017, unas 850.000 licencias de caza, y hace tan solo siete años eran más de un millón, lo que significa que, aunque el porcentaje va disminuyendo, aproximadamente el 5 % de los hombres disfrutan matando (la proporción de mujeres cazadoras es insignificante), es decir, son lo que los psicólogos denominan perversos narcisistas, a un paso de la psicopatía y el sadismo. Y en la televisión, incluso en la pública, hay programas dedicados a la caza y a la tauromaquia, por más que la mayoría de la población opine que matar por placer es una aberración. ¿Cómo es posible?

Tanto en la política como en las grandes empresas, incluidos los medios de comunicación, el poder está en buena medida en manos de “psicópatas integrados” (y esta no es una opinión de radical antisistema: lo dicen incluso los psicólogos más conservadores), lo cual explica muchas cosas. Pero no todas: la gran tolerancia social hacia aberraciones como la caza “deportiva” y la tauromaquia está directamente relacionada con el carnivorismo. Si se me permite expresarlo esquemáticamente mediante una regla de tres, carnívoro (humano) es a caníbal como cazador (deportivo) es a asesino en serie.

Al igual que el serial killer, el cazador intenta ahogar su insignificancia -y obtiene su morboso placer- en la sensación de poder absoluto ligada al hecho de disponer de la vida de otro ser, o de hacerlo sufrir. Los

maltratadores suelen haber sido maltratados en su infancia, y quienes necesitan sentirse por encima de los demás es porque en el fondo saben que valen muy poco. Y al igual que el caníbal ancestral, el carnívoro humano necesita cosificar o exorcizar al ser vivo al que mata -o hace matar- para convertirlo en comida; por eso puede pensar que es una aberración divertirse matando, y a la vez aceptar al cazador que se divierte matando, porque histórica y simbólicamente es un “conseguidor de alimentos”. Es muy significativo, en este sentido, que quienes se oponían en el Reino Unido a la tradicional caza del zorro (prohibida en 1905) alegaban, como principal argumento, que el zorro no es comestible. Como si los que cazan liebres y perdices lo hicieran para alimentar a sus familias hambrientas.

Afortunadamente, la aceptación social es mucho menor en el caso de las corridas de toros, que entroncan directamente con los sanguinarios espectáculos del circo romano. Panem et circenses. Pan y toros. Pero aún se celebran en el Estado español cerca de dos mil “festejos taurinos” al año, con una asistencia global de más de un millón de espectadores. La corrida ya no es la fiesta nacional, pero sigue siendo la vergüenza nacional y la más sórdida expresión del subdesarrollo moral de un país.

“Haya pan y haya toros, y más que no haya otra cosa. Gobierno ilustrado: pan y toros pide el pueblo. Pan y toros es la comidilla de España. Pan y toros debes proporcionarle para hacer en lo demás cuanto se te antoje in secula seculorum. Amen”. Así rezaba un panfleto ilustrado de principios del XIX. Y aunque la sangrienta violencia de las corridas ha sido sustituida en gran medida por la violencia sublimada del fútbol, la frustración subyacente y la miseria moral de una muchedumbre enajenada, así como los poderes políticos y económicos que las fomentan y gestionan, siguen siendo los mismos.

 

(Continuará)

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4 comentarios

  1. La vida se llama así, vida, pero bien podría haberse llamado muerte porque ocurre exacatamente en la misma proporción.
    Si nadie se come a los vegetarianos los vegetales desaparecerán. La elección de lo que come un animal no depende de lo que su conciencia le dicte, sino de lo que pueda procesar su sistema digestivo.
    El vegetarianismo es una opción muy saludable para los tiempos que corren pero no es un valor ético. Tiene el mismo valor defender la vida vegetal.
    No hemos podido cambiar mucho en los 5000 años que llevamos sedentarios. El instinto cazador debe andar residualmente por ahí. Eso no quita que disparar a un animal ni tiene puta gracia ni más mérito que hacer el camino de Santiago en taxi.

  2. Tomarse en serio los valores éticos del veganismo no es una tarea baladí.

    Se pueden echar cuentas y la cosa se aclara bastante.

    Vamos siendo ya casi 7 mil millones de seres humanos: aunque como diría Georges ORWELL en su librito Rebelión de los animales resumido por un tal M. Rajoy: unos parecen ser mucho más humanos que otros.

    La extensión del planeta es finita.

    Los desiertos cada día crecen más.

    Y la agricultura intensiva industrial está convirtiendo tierras de cultivo fértil en secanos improductivos, si a eso se añade que en estos últimos cuarenta años de gobiernos municipales francobourbónicos el suelo agrícola ha sido subastado y urbanizado al por mayor, y si además comprobamos que las pocas tierras cultivadas están cada día más envenenadas. Y si encima una enorme proporción de esos cultivos (especialmente de cereales) se dedican al forraje para alimentar animales de granja que terminarán asesinados vilmente en restaurantes a tutti plen,…

    …en fin: podemos ver que la ética vegana al menos está poniendo mucho de su parte para que este HOLOCAUSTO GLOBAL DEL CONSUMISMO VORAZ tenga alguna alternativa racional y sensible.

    ¿Qué podemos hacer si no?

  3. Sanchita Panza

    Ya lo señaló Freud: el placer de matar es más fuerte en la bestia humana que el placer de fornicar.

    Y lo peor es que ni la cultura puede enmascarar eso. Es más no hay cultura que se manifieste como superior que no disfrute con comportamientos crueles, brutales y hasta mortales ejercidas contra quienes ve como inferiores.

    Pasó en el pasado, está presente en nuestro actual presente; y nuestro futuro próximo no vislumbra un porvenir mucho mejor.

    Es más: hasta el veganismo se ejerce con eficacia feroz desde parámetros clasistas. Conozco a alguna gente que no ven con malos ojos el exterminio de varios miles de millones de seres humanos. Se quedan tan panchos cuando hablan de los recursos planetarios y de ciertas leyes ecológicas.

  4. Carlo Frabettti

    A JAVIER
    Por la misma regla de tres, tiene el mismo valor que defender la vida humana. A no ser que pienses que los humanos tienen un alma inmortal insuflada por Dios, en cuyo caso no tengo nada que decir.

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