ARGENTINA. Ollas populares por las calles para paliar el hambre

Varias columnas de manifestantes confluyeron este miércoles en la céntrica Avenida 9 de Julio en una protesta multitudinaria y pacífica que incluyó decenas de ollas populares a metros del Obelisco.

Con sus zapatillas rotas y embarradas, Jorge Abona es un docente de 28 años que enseña en un bachillerato de adultos de Ezeiza, periferia de Buenos Aires, donde “falta de todo”, describe.

“Queremos decirle a este gobierno que frene el plan de ajuste”, afirma Jorge que además colabora en un comedor del Frente Popular Darío Santillán, uno de los varios movimientos sociales que sostienen comedores, guarderías y cooperativas en barrios empobrecidos.

En voz baja, pero con firmeza, Jorge reclama: “Cada vez se acercan más personas que están sin trabajo a buscar un plato de comida porque no llegan con el alimento para sus chicos. Ayudamos, pero el que tiene que dar respuestas es el Estado”.

“Estamos a un paso de que, en un país que tiene trabajo y que genera alimentos para 400 millones de personas, se instale el hambre en los barrios más humildes. De que se instale el hambre y se ponga en riesgo la paz social”, expuso el miércoles (12.09.2018) Daniel Menéndez, coordinador nacional de la asociación Barrios de Pie, una de las convocantes.

Durante esta marcha, a la que también acudieron de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), la Corriente Clasista y Combativa (CCC) y del Movimiento Evita, Menéndez pidió que Mauricio Macri reformule sus políticas para que la gente tenga “para comer y que se pueda vivir en paz”.

“Eso depende de las políticas económicas, depende de que no se profundice el deterioro que existe y para eso hace falta que haya responsabilidad”, continuó el activista, quien valoró que habría que congelar las tarifas, frenar el precio de la canasta básica y revisar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El Gobierno de Mauricio Macri cerró el pasado junio un acuerdo con el FMI para obtener una financiación de 50.000 millones de dólares, con los que buscaba frenar la agresiva devaluación del peso y para contrarrestar el deterioro de la macroeconomía.

Bajo el sonido de una continua batucada, también se encontraba Darío Díaz, de la CTEP de Merlo (provincia de Buenos Aires), quien añadió que el dinero aportado por el FMI debería ir destinado a infraestructuras, obras y a la canasta básica de alimentos, para parar “con este ajuste brutal” que, a su juicio, “está matando más” a los argentinos.

Por otra parte, para María Hawerlischen, que fue a la manifestación desde la localidad de Glew, ubicada a las afueras de Buenos Aires, el presidente tendría que dar “un paso al lado” y convocar elecciones anticipadas.

“Quiero que el chabón se vaya y que tome el país quien lo tome, pero que lo dirija bien, que la gente tenga para comer y que tenga trabajo digno”, sentenció.

Los convocantes anunciaron a través de un comunicado que “si no hay respuestas” se adherirán al paro general que preparan los sindicatos para el próximo 25 de septiembre.

 

diariodecaracas/DW

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Un comentario

  1. Sopalajo de Arrierez

    A reseñar la frase “Quiero que el chabón se vaya y que tome el país quien lo tome, pero que lo dirija bien, que la gente tenga para comer y que tenga trabajo digno”.

    Esta declaración de un ciudadano sintetiza el error conceptual que impide a la población darse cuenta de que, venga quien venga, esto va a seguir siendo más de lo mismo.

    Porque el correcto funcionamiento de la globalidad, del todo conjunto que formamos las personas, no depende de uno, por elevada capacidad decisoria que este uno tenga (y eso suponiendo que la tuviera, que está por ver).
    Depende más bien de la formación cívica de todos, entendiendo por tal tener claros ciertos conceptos, como el de que la acumulación de riqueza a nivel particular debe limitarse, porque si uno tiene el doble que otro, no pasa nada, pero si uno tiene 1.000 veces lo que tiene otro, nos está quitando a los demás.

    En Argentina tienen a demasiados de esos que acumulan muchísimo. Y mirad dónde están.
    Por cierto, en España también. E imaginad hacia dónde vamos.

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