ANTONIO RODRÍGUEZ SALVADOR. Venezuela o la vergüenza de Fernando Savater

Leo que algunas personas, en Facebook, dirigen duros reproches a compatriotas que apoyen al gobierno venezolano. Leo después que Luis Almagro increpa a su partido, el uruguayo Frente Amplio, por defender lo que llama “dictadura en Venezuela”. Por último, leo en el diario español El País, un artículo del filósofo Fernando Savater en el que dice sentir vergüenza de los paisanos que apoyan a Maduro. Al parecer, hoy es día de casualidades.

En su regañón y breve artículo, el ilustre filósofo vasco arranca contándonos una anécdota patriotera, extraída de La isla del tesoro, novela de Robert Louis Stevenson. Confiesa no ser un patriota, o al menos no tanto, como el squire Trelawney, para celebrar las felonías de sus conciudadanos. Luego nos brinda ejemplos opuestos y dice que las fechorías cometidas en Perú por el conquistador Francisco Pizarro son responsabilidad de ese señor, no de sus compatriotas. Sin embargo, paradójicamente, luego afirma sentir “vergüenza de los españoles que sean promotores y apologetas de Maduro y el chavismo”, “colegas ideológicos de quienes han dejado a los venezolanos sin medicinas, sin alimentos, sin maestros…”. A los que piensan de ese modo, los tacha de encomenderos —esclavista de indios, para quién no esté al tanto del término—. Y ya. Se acabó el artículo.

Ciertamente, que un conquistador simplifique con tanta exageración problemas económicos, políticos y sociales muy complejos, con idea de demonizar al adversario y justificar rapiñas, ha sido cosa frecuente en la historia. Que acuda a eslóganes, etiquetas, estereotipos, descontextualizaciones, apelación al miedo, falacias y generalidades, no es cosa que sorprenda. Pero que esto lo haga un renombrado filósofo, caramba, eso sí que es primicia.

Pareciera que, de pronto, Savater ha olvidado conceptos básicos de la lógica, la ética, la historia, la metafísica, la ontología y la filosofía política: ¡a dónde habrá ido el filósofo! Como cualquier encomendero de la conquista, nos presenta un mundo ausente de matices. Una lucha dual entre lo divino y lo diabólico, según el más rancio pensamiento maniqueo.

Nada ni nadie es más culpable que Maduro, afirma. De pronto no existe la guerra económica impuesta a ese país por los Estados Unidos y la Unión Europea, en contubernio con ciertos países latinoamericanos. No existe la gigantesca campaña demonizadora, encabezada por El País, diario donde justamente él escribe; y en la que quedarían penosamente cortas aquellas cruzadas donde los pueblos originarios americanos eran tachados de idólatras, sodomitas, caníbales…

Porque el saqueo de nuestros pueblos es cosa del pasado, historia antigua que se terminó con Francisco Pizarro, Hernán Cortés, Diego Velázquez y demás. Caramba. ¡Así que Estados Unidos es un país solidario! ¡El más buena gente y puro gobierno del mundo! Cualquier pétalo de flor que los roce para decir lo contrario, es pura falacia. Una mentira de estos “nuevos virreyes del peor imperialismo, el colectivismo incompetente” —según dicterio que Savater endilga a los que pensamos diferente—.

Quién puede ignorar que los objetivos históricos no han sido —y, por supuesto, aún lo son—, rapiñar los recursos naturales, allí donde los haya en abundancia, tal como los tiene hoy Venezuela. Que para conseguir esto no se detienen en miramientos, e invaden países, así deban derretir con napalm o fósforo blanco a cientos de miles de personas inocentes. Que luego imponen gobiernos títeres o verdaderas dictaduras fascistas, como aquella de Pinochet, para lo cual hicieron con el gobierno de Allende lo mismo que hoy tratan de hacer con el de Maduro.

Conozco bien la Venezuela profunda. No hay comunidad donde el gobierno bolivariano no haya construido modernas escuelas y consultorios médicos en los que se ofrecen servicios y medicamentos gratis. No hay pueblo o ciudad en los que no se hayan creado liceos, centros de diagnóstico integrales y hasta sedes universitarias. Sin embargo, para el señor filósofo ha ocurrido todo lo contrario. ¿Sabrá él cuánto le cobran, a ese mismo pueblo “reprimido por Maduro”, por una simple consulta en una clínica privada o por cualquier elemental medicamento en Locatel o Farmatodo?

Pero bueno, se nos avergüenza el señor Savater con el compatriota que afirme y divulgue esa verdad. ¿Tendrá realmente vergüenza? Bernal Díaz del Castillo, compinche de Hernán Cortés en la conquista de México, fue más honesto al referirse a su presencia en las Américas. Entonces escribió: “Por servir a Dios y a Su Majestad y también por haber riquezas”. Pero los tiempos cambian y escasea la honestidad.

 

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7 comentarios

  1. ‘Savaterrorista’ de la pluma está intentando ponerse a la altura de Fedeguico Losantos.
    A este paso tardará muy poco en conseguirlo.

    ‘Savaterrorist’ of the pen is trying to catch up to (we should say ‘down’ here) Fedeguico Losantos.
    At this rate it will take him very little time.

  2. Vaya, parece que el sujeto sigue en la línea de hace largos años, cuando dejé de hojear su púlpito. No ha cambiado: faltón, servil con el poder, descalificando sin argumentar…Ël sí daba vergüenza en su día, y veo que sigue dándola hoy, y más si cabe.

  3. agapito perez chico

    El ex-colaborador del diario Eguin, clausurado por el “demòcrata” juez Garzon, no debe sorprendernos sus escritos fachosos desde hace años. Si los intelectuales fachas de ese paìs pudieran volar, serìa eclipse de sol todos los dìas.

    Salud para los para todos aquellos que sigan amando la libertad, dignidad y rechacen el fascismo estructural que nos impone el neoliberalismo y la iglesia catòlica fascista romana. Soñar es libre, ejerzàmoslo.

  4. agapito perez chico

    El ex-colaborador del diario Eguin, clausurado por el “demòcrata” juez Garzòn, ya nos tiene acostumbrados desde hace alguna dècada a sus escritos bastante fachosos. La involuciòn de este intelectual filòsofo, que al parecer, a pesar de los años, todavìa no ha sabido o no ha llegado a sus neuronas la interpretaciòn de la filosofìa de la vida. Claro que cuando el pesebre es amplio se suele perder la imaginaciòn y alguna cosita màs.
    Bien es sabido que ciertos en sectores de hombres ilustrados denominados intelectuales, donde reciben grandes premios literarios y prebendas, a veces por sus escritos en pro del sistema de la explotaciòn el hombre por el hombre y en ocasiones por la sociologìa franquista. Làstima da verlos y leerlos hasta donde puede llegar la involuciòn, de personajes que deberìan colaborar en todo lo contrario. Se han vendido al mejor postor en ocasiones y en otras es de nacimiento.

    Salud para todos aquellos, que somos muchos, los que creemos que otro mundo es posible y que la diginad humana y su libertad no se compra, se conquista. Sigamos soñando que no cuesta dinero afortunadamente.

  5. Es muy generoso llamar filósofo a un señor que sólo sabe de carreras de caballos. Otra cosa es que le publican y le pagan por las memeces que escribe sobre otros temas. Por otro lado, no es novedad constatar que el régimen borbónico franquista tiene unos pesebres gigantescos.

  6. Éste es el vomitivo bodrio que publica Savater en El País:

    “El squire Trelawney, entusiasta y bobalicón mecenas del viaje de la Hispaniola a la isla del tesoro, contó a sus amigos que una vez, regresando de América en un barco de pasajeros, avistaron a lo lejos el pabellón negro de Flint, el pirata. “Todos se echaron a temblar y yo, Dios me perdone, me alegré de que fuese inglés”. No soy tan patriota como para celebrar las fechorías de mis conciudadanos, aunque me alegro sinceramente de sus (¡nuestros!) éxitos deportivos, literarios, cinematográficos, científicos… Y en ese gozo compartido incluyo al resto de los países hispanoamericanos, elenco del que España creo que forma parte como uno más. Pero esos sentimientos extensivos e inclusivos tienen fecha de caducidad… y ciertos límites prudenciales. Por eso me cuesta fingir pesadumbre cuando se me reprochan abusos de hace siglos, los cometiese Francisco Pizarro en Perú o el general Santa Anna en Texas. Y desde luego sostengo que la responsabilidad de los actos es de quien los lleva a cabo, no de sus compatriotas o de sus parientes. Sea para bien o para mal…

    Sin embargo, ahora siento una agobiante sensación de vergüenza cuando veo lo que está ocurriendo en Venezuela. Me sonrojo de que haya españoles entre los promotores y apologetas del chavismo, de que los haya hoy para disculpar a Maduro. Son los nuevos encomenderos, los virreyes del peor imperialismo: el colectivismo incompetente, liberticida y mentiroso. Busquen sus caras en YouTube, las conocen de nuestras televisiones. Y cuando oigo a esos colegas ideológicos de quienes han dejado a los venezolanos sin medicinas, sin alimentos, sin maestros… pontificar contra los recortes en sanidad o educación que según ellos trajo el PP a España y presentarse como necesaria alternativa, siento más vergüenza todavía. Pero sobre todo siento miedo”.

    ¿Qué es lo que realmente está haciendo en este artículo este sofista?

    1º Funciones de delación policial: he ahí su verdadera alma. ¡Ver para creer!
    2º Creerse a pies juntillas las mentiras de la falsimedia mundial; ese vil ejército de paraperiodistas que sólo saben defender la Voz del Amo y que escriben a base de distorsiones ideológicas con sus ladridos de perritos bien amaestrados.

    Por supuesto que Venezuela tiene millones de problemas. y es muy fácil amasar algunos de ellos y venderlos con total descaro. Pero esos paraperiodistas jamás hablan de los logros ni de los fines de la revolución bolivariana.

  7. Éste es el vomitivo bodrio que publica Savater en El País:

    “El squire Trelawney, entusiasta y bobalicón mecenas del viaje de la Hispaniola a la isla del tesoro, contó a sus amigos que una vez, regresando de América en un barco de pasajeros, avistaron a lo lejos el pabellón negro de Flint, el pirata. “Todos se echaron a temblar y yo, Dios me perdone, me alegré de que fuese inglés”. No soy tan patriota como para celebrar las fechorías de mis conciudadanos, aunque me alegro sinceramente de sus (¡nuestros!) éxitos deportivos, literarios, cinematográficos, científicos… Y en ese gozo compartido incluyo al resto de los países hispanoamericanos, elenco del que España creo que forma parte como uno más. Pero esos sentimientos extensivos e inclusivos tienen fecha de caducidad… y ciertos límites prudenciales. Por eso me cuesta fingir pesadumbre cuando se me reprochan abusos de hace siglos, los cometiese Francisco Pizarro en Perú o el general Santa Anna en Texas. Y desde luego sostengo que la responsabilidad de los actos es de quien los lleva a cabo, no de sus compatriotas o de sus parientes. Sea para bien o para mal…

    Sin embargo, ahora siento una agobiante sensación de vergüenza cuando veo lo que está ocurriendo en Venezuela. Me sonrojo de que haya españoles entre los promotores y apologetas del chavismo, de que los haya hoy para disculpar a Maduro. Son los nuevos encomenderos, los virreyes del peor imperialismo: el colectivismo incompetente, liberticida y mentiroso. Busquen sus caras en YouTube, las conocen de nuestras televisiones. Y cuando oigo a esos colegas ideológicos de quienes han dejado a los venezolanos sin medicinas, sin alimentos, sin maestros… pontificar contra los recortes en sanidad o educación que según ellos trajo el PP a España y presentarse como necesaria alternativa, siento más vergüenza todavía. Pero sobre todo siento miedo”.

    ¿Qué es lo que realmente está haciendo en este artículo este sofista?

    1º Funciones de delación policial: he ahí su verdadera alma. ¡Ver para creer!
    2º Creerse a pies juntillas las mentiras de la falsimedia mundial; ese vil ejército de paraperiodistas que sólo saben defender la Voz del Amo y que escriben a base de distorsiones ideológicas con sus ladridos de perritos bien amaestrados.

    Por supuesto que Venezuela tiene millones de problemas. y es muy fácil amasar algunos de ellos y venderlos con total descaro. Pero esos paraperiodistas jamás hablan de los logros ni de los fines de la revolución bolivariana.

    Yo, realmente, de quien tengo miedo es de ese bloque social antidemocrático y oligárquico que es capaz de matar de hambre a una nación porque no es a sus vasallos a quienes se vota en las elecciones que se convocan democráticamente. Y esa sí que es la verdadera cara de La Moneda tanto aquí (piénsese en la criminal dictadura franquista) como allá (en el Chile de Allende) o acullá (en la Venezuela Bolivariana).

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