ALESSANDRO PAGANI. Tráfico de órganos: las culpas de Israel nunca purgadas

Un negocio bajo el nombre falso de “extracciones”: desde Palestina hacia Italia, pasando por Brasil. La realidad es una construcción social. Sin embargo, es imposible ocultar la verdad.

Italia es el país donde la demanda y la oferta de órganos humanos se mueven desde la sombra desde hace muchas décadas. Y esto, gracias a la impunidad que cubre las actividades ilegales y criminales sionistas, que han sido protegidas por integrantes de los servicios de inteligencia militares de Tel Aviv.

Las barbas y las pelucas finas que ocultan la Estrella de David son culpables de grandes atrocidades. Entre éstas, por cierto, el secuestro y la desaparición de Mordechai Vanunu en 1986, en Italia. Aquí el Mosad israelí (HaMosad leModi’in ulTafkidim Meyuhadim, el Instituto de Inteligencia y Operaciones Especiales de Israel) hace lo que le da la gana desde más de medio siglo, como queda demostrado con las masacres de Argo 16 y de Ustica.

El comercio de órganos humanos está protegido también por los altos mandos de la casta política italiana. Vaya la coincidencia –propio en Italia–, de acuerdo con los informes del Ministerio del Interior, desde el fin de la década de 1980 el número de niños (incluidos aquellos italianos) desaparecidos y nunca y jamás encontrados, resulta en crecimiento exponencial.

En Roma, en el aeropuerto de Fiumicino, el 6 de junio de 2013, la policía de migratoria detenía y arrestaba a Tauber Gedalya, ex alto mando de las Tsahal (Tzava Hahagana LeYisrael, las Fuerzas de Defensa de Israel), y buscado con un código rojo por la Interpol.

El verdugo no se encontraba en Italia por vacaciones, sino por negocios, o más bien para cazar carne fresca, ya que en Italia está activa una red de aprovisionamiento humano que se encuentra exclusivamente en los centros de recepción para minores migrantes que no están acompañados, verdaderos “campos de concentración 2.0” que están bajo la dirección del Palazzo de Viminale (sede el Ministerio del Interior del gobierno italianos).

Ninguna fuerza política en Italia, desde el ex presidente del Consejo Matteo Renzi a el exministro del interior Alfano, desde las fuerzas de la supuesta oposición, desde el M5S hasta Salvini, nunca y jamás han presentado en todos estos años ni siquiera un acto parlamentario respecto a esta materia. ¿Por qué la fiscalía o el parlamento italiano no inician una investigación para abrir la caja de Pandora? Y, sobre todo, ¿por qué los italianos no salen a las calles para detener esta masacre?

Una de las últimas relaciones del Ministerio de Políticas Sociales habla por cierto de la desaparición en los primeros 5 meses de 2016 de 5 241 menores, definidos como “imposibles de encontrar”, pero a los que ninguna autoridad italiana está buscando. En 2015, de acuerdo con datos oficiales e institucionales, en Italia desaparecieron más de 12 000 niños.

El antes mencionado criminal israelí fue detenido por casualidad, gracias a una tremenda corazonada de un policía italiano, Antonio Del Greco, el cual se dio cuenta de algo sospechoso en su pasaporte. Una mirada nerviosa en el pasajero del vuelo Boston-Roma de la compañía italiana, en ese entonces Alitalia, un control por internet y ya tenía la respuesta. El hombre de 77 años, Tauber, en la clandestinidad desde 2010, era buscado por la policía de todo el mundo y luego de una orden de detención internacional emitida por el Estado brasileño de Pernambuco.

El “señor de los órganos” puso en pie a esta organización criminal hace más de 10 años desde las regiones nororientales de Brasil, aprovechándose de la grave situación social, y organizando la aportación de órganos humanos explotados en por lo menos 19 ciudadanos de aquel país, ya que sólo de este número de personas se han encontrado hasta ahora las pruebas.

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La metodología era muy sencilla. Una vez identificado el objetivo, el cerco se realizaba mediante de una propuesta en dinero, entre 6 000 y 12 000 dólares. Luego se ponía bajo atención médica (una serie de exámenes en clínicas). Y una vez firmado el contrato, se le llevaba por avión a Sudáfrica, donde con la complicidad de unas cuantas clínicas y médicos, se terminaba el trabajo de extrayendo los riñones.

También el rabino Levy-Izhak Rosenbaum, residente en Nueva York, fue detenido en 2009 bajo la acusación de tráfico de órganos humanos. En 2012 fue por fin condenado a sólo 2 años y medio de cárcel. Una investigación periodística destaca que los israelíes son los protagonistas principales a nivel mundial en el tráfico internacional de órganos.

El periódico estadunidense The New York Times publicó un reportaje –en agosto de 2014– en el que se documenta que los intermediarios en la venta de órganos en Israel han lucrado fuertes cantidades de dinero.

Según otra investigación del New York Times sobre los más importantes casos de venta de órganos desde el año 2000, los israelíes han tenido un papel protagónico en el tráfico de órganos.

Sobre la cuestión de las extracciones no autorizadas de órganos, por parte de Israel, el estadunidense Buró Federal de Investigación (FBI, por su sigla en inglés) ha investigado también por casi 10 años. En este caso no sólo los palestinos eran víctimas.

Hay que volver atrás en el tiempo, hasta el 1992, cuando el entonces ministro de la sanidad israelí, Ehud Olmert, lanzaba una campaña donde se intentaba solucionar el problema de la insuficiencia de órganos, integrando a los donadores de órganos en un registro. Desde ese momento, empezaron a desaparecer jóvenes palestinos en varias aldeas y pueblos de la Cisjordania y de Gaza. Los militares israelíes los regresaban sin vida y con los cuerpos abiertos.

Por muchos años, desde 2001 hasta hoy, circulan no pocas acusaciones contra el patólogo de Estado israelí, Yehuda Hiss, sospechoso de hurto de órganos. Hiss fue director del Instituto forense Abu Kabir de Tel Aviv. El descubrimiento de la presencia de órganos humanos conservados en manera ilegal en dicho instituto llevó al miembro de la Knesset, Anat Mayor, presidente de la Comisión científica del parlamento, a pedir la suspensión inmediata del director, el profesor Yehuda Hiss. Las autoridades fueron puestas en alerta sobre esta conducta sospechosa de Hiss ya desde el 1998, pero hasta el 2001 no abrieron ninguna investigación contra éste.

En 2001 una investigación del Ministerio de la Sanidad israelí descubrió que Hiss hizo parte por muchos años del retiro de órganos en niños, como piernas, ovarios y testículos sin la aprobación de los padres. Y luego participó en la venta de estos órganos en escuelas de medicina, donde venían siendo utilizados para investigaciones y cursos universitarios.

Hiss, que fue nombrado jefe en Patología en 1998, nunca fue inculpado por dichos crímenes, pero en el 2004 fue obligado a dejar la dirección de la morgue nacional luego de muchos años de protestas. Sin embargo siguió siendo el jefe de Patología y, en pocos años, volvió a asumir la dirección del Instituto Forense, a pesar de que en 2009 fue nuevamente inculpado de haber colaborado en la extracción de órganos de mártires palestinos –que habían participado en operaciones militares contra Israel–, con el fin de venderlos en hospitales israelíes.

 

redvoltaire

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